Baloncesto y fútbol sin contacto


Escribía ayer Alberto Mahía que los escolares coruñeses podrán hacer deportes como baloncesto y fútbol, pero sin contacto. La precisión, que obliga inmediatamente a levantar una ceja y poner cara de gigantesca interrogación, es totalmente real. Los chicos tirarán a canasta, pero no podrán jugar entre ellos. Patearán penaltis, pero no podrán driblar a sus compañeros. Y sí, también todas las excepciones que usted, querido lector, se imaginará. Lejos de parecer disparatadas, se convierten en la enésima norma extraña de la temporada.

Lo cierto es que esas líneas más que sorpresa me confirmaron lo que presencié in situ el pasado martes en la plaza de Recife. Allí, en las canastas y la pista de fútbol (por cierto, una de las mejores y más oportunas obras hechas por el Ayuntamiento en el centro de la ciudad en años), la chavalada hacía lo que toca en un sitio así: disfrutar del deporte y emular a Messi y a LeBron James. De pronto, aparecieron dos patrullas de la Policía Local. Los que estaban sin mascarilla apuraron a ponérsela. Se supone que los agentes venían a eso, a controlar el uso de la protección. También, el aforo. Pero no. Después de entrar caminando despacio, se dirigieron a la cancha. Tras hablar con los chicos, estos cogieron sus pelotas y sus bolsas para abandonar cabizbajos.

«¡No podemos jugar al baloncesto!», decía un pequeño. Extrañado, me dirigí a uno de los policías. Me explicó algo parecido a lo que escribía Alberto ayer. Tanto él, con su tono amable, como yo, escuchándolo sin ponerme tiquismiquis, asumimos que esto es lo que hay. Le dije al pequeño: «Puedes tirar a canasta, pero no pasarle el balón a nadie». E integré otra nueva locura al catálogo de esto que llamamos nueva normalidad.

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