Juanjo Rig: «Solo le regalaría un traje a Amancio Ortega y a Pablo Iglesias»

«A Amancio por admiración y a Iglesias porque creo que le vendría bien», explica el sastre Juan José Rodríguez Iglesias

Juanjo Rig, sastre
Juanjo Rig, sastre

A CORUÑA

Es la elegancia personificada. «Siempre me gustó ir arregladito y ya de muy joven me echaba gomina», asegura. De hecho, no duda en afirmar que «de niño mi gran deseo era ir de traje. A mi padre, que lo idolatraba, lo veía con su corbata y me encantaba. Ahora siempre la llevo. Algún sábado por la mañana vengo a trabajar sin ella. La corbata y el pañuelo es donde se expresa la personalidad. No tardo mucho tiempo en elegir la ropa que me pongo cada día y lo suelo dejar decidido la noche anterior. Pero lo único que soy incapaz de escoger con antelación es la corbata. Ni siquiera el día de mi boda, que dudé entre tres diferentes hasta el último momento», confiesa Juan José Rodríguez Iglesias. «Alguien me recomendó que buscase un nombre más comercial y uní los apellidos», explica. Los imponentes trajes, chaquetas, camisas e incluso los zapatos que diseñan y venden en su sastrería llevan su firma, Juanjo Rig. «Es curioso, la sastrería es algo que casi se estaba perdiendo y, sin embargo, se puso de moda. Parece que en este mundo global cada vez se le da más importancia al detalle. Sí, hay mucha gente que compra por Internet, pero hay personas que buscan aquí productos personalizados», analiza este sastre de 42 años que toma el relevo de los legendarios García de Loza o Iglesias. «Ya casi no quedan maestros», afirma.

Traje azul y camisa blanca

Reconoce que en su casa «tengo un armario grande que se queda pequeño». Pero asegura que no hace falta tanto para ser un caballero elegante. «Lo básico es un traje azul marino y una camisa blanca con puño doble. O, si quieres, azul. Así puedes ir a una boda, a un entierro o a una entrevista de trabajo. Un hombre con un buen traje es insuperable», afirma. Me enseña las muestras de unos tejidos maravillosos de las principales firmas del mundo. «El precio va en función de lo fino que sea el hilo. Yo busco el equilibrio entre el lujo y la practicidad. Un traje de dos piezas sale de media en 1.200 euros. En Londres no baja de las 5.000 libras y en Madrid de los 3.000 euros. Una vez que el cliente decidió lo que quiere, hay que pedir el tejido a Inglaterra que llega a las pocas horas por mensajería. Y después dedicarle entre 80 y 90 horas de trabajo más las tres pruebas que hacemos para que quede perfecto», explica. A lo largo de estos años le hizo trajes «a gente que admiro muchísimo, a empresarios importantes, a jóvenes que quieren estar impecables el día de su boda...», apunta. Le pregunto a quién le gustaría vestir. «Solo le regalaría un traje a Amancio Ortega y a Pablo Iglesias, aunque por motivos diferentes. A Amancio por admiración y a Iglesias porque creo que le vendría bien».

El sastre Juanjo Rig, en su tienda de Pardo Bazán
El sastre Juanjo Rig, en su tienda de Pardo Bazán

El concepto «Bespoke»

Se casó a los 39, hace tres años, y no tienen hijos. Le gusta pasear al perro, viajar, y dedicar su escaso tiempo semanal de ocio a la familia. Nació en Pontevedra, pero a los ocho años ya era alumno de los Salesianos de A Coruña. Se fue a estudiar ADE a Santiago y, para pagar los vicios, trabajó unas Navidades en El Corte Inglés. «Soy un sastre accidental. Se fijaron en mí y me propusieron realizar un curso de sastrería en Madrid. Se me dio bien. Soy más creativo que numérico», reconoce. Me habla de Macías, un veterano de este oficio que le enseñó cómo atender a los clientes, y de los casi diez años que pasó al frente de la sastrería de El Corte Inglés de A Coruña. «En mi probador he tenido todo tipo de clientes y escuché muchas cosas, pero en la discreción está el secreto del éxito», resume este profesional al que nunca se le ocurriría ir a un programa como Maestros de la costura. En un iPad me enseña algunos de sus trabajos. «Una corbata de flores lo cambia todo», sentencia. Pincha en un enlace que nos introduce en el universo Bespoke, el concepto de artesanía, de hecho a medida. De vez en cuando, Juanjo se viste con su blazer granate y cruza por la plaza de Vigo. «Los granates y los verdes son los grandes desconocidos. Son ideales para salir de la norma, pero sin caer en los excesos. A veces noto que la gente me mira, sobre todo por lo cortos que llevo los pantalones», apunta sonriente.

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