Francisco Martín Ossorio: «Todos estudian la Guerra Civil o el nacionalismo gallego, pero no la construcción del franquismo, todavía hay miedo»

El farmacéutico e historiador de A Coruña publica una biografía de Alfonso Molina que es, al mismo tiempo, el retrato de una época poco explorada en la ciudad

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a coruña / la voz

El que fue alcalde de A Coruña entre 1947 y 1958 sirve como hilo conductor para hablar de la posguerra en la ciudad en el libro Alfonso Molina Brandao. Un alcalde de su tiempo, que publica el sello editorial de Arenas y que está a la venta en las librerías herculinas. Con prólogos del historiador de la USC Emilio Grandío y de los exalcaldes Francisco Vázquez y José Manuel Liaño, el farmacéutico e historiador Francisco Martín Ossorio firma una lectura de más de 800 páginas «honestas y lo más objetivas posibles».

-¿Por qué Alfonso Molina?

-El primer franquismo, que va desde el golpe militar en 1936 a 1958, cuando empieza el desarrollismo de los sesenta, coincide con el paso por la política, por así decirlo, de Alfonso Molina. A través de su biografía, en paralelo, trazo una biografía de la ciudad. Él es relevante porque participó en los hechos más importantes de esa época. A finales de 1936 lo nombran presidente de la cámara de la propiedad. Por este cargo formó parte de la Junta Pro Pazo que dirigía Pedro Barrié, y, al ser además ingeniero de la Diputación, participó en las obras de ampliación, traída de aguas y accesos a Meirás. Es así como entra en contacto con Franco y Carmen Polo. En 1947, directamente, Franco le dice al gobernador civil que lo nombre alcalde. Ocupa el cargo hasta 1958, cuando muere en Brasil durante un congreso. Su fallecimiento, a los 51 años, despertó muchas habladurías.

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-Era un hombre de Franco.

-Era fiel a Franco, un franquista, aunque no falangista, tuvo muchos enfrentamientos con ellos.

Pero luego, fue un buen alcalde. Se encontró un Ayuntamiento en el que no había un duro y consiguió revitalizar la ciudad. Por la vía anímica, por su forma de ser, recuperó los carnavales de Monte Alto, por ejemplo. También le dio un impulso económico enorme, a pesar de las dificultades. A nivel nacional, el franquismo era incapaz de controlar la inflación y los ingresos de los municipios eran bajísimos. Su forma de actuar era: «Se hace, después ya vemos cómo lo pagamos».

-¿Cuáles son los peros?

-No todo en Molina es positivo, lo consideraron muy personalista y mal gestor. Al acabar su mandato, el Ayuntamiento estaba en la ruina, con unas deudas tremebundas, aunque eso sí, las obras ahí han quedado: la avenida que ahora lleva su nombre, impulsó Alvedro, con él se compraron los terrenos de la fábrica de armas, se pavimentó la Ciudad Vieja y la calle Real y se iluminó la ciudad. También se compró la casa Cornide, que en 1962 pasa a Barrié por una subasta y luego este se la regala a Carmen Polo. Franco venía aquí todos los veranos. Durante tres semanas A Coruña era la capital de España. Se hacía un consejo de ministros en Meirás todos los años y Molina trataba que la ciudad estuviera a la altura. Una urbe de 160.000 habitantes no podía aguantar eso, no tenía capacidad económica.

-Con Carmen Polo la relación fue especialmente buena.

-Sí, estupenda. Fue el presidente del Casino e invitaba a los Franco a las verbenas en el Leirón, en Juan Flórez. Si no hubiera estado en la Junta Pro Pazo ni hubiera sido el ingeniero de las obras de Meirás no hubiera sido alcalde. La relación era directa, muy directa, con los Franco.

-¿Se mete en terreno comanche?

-En la posguerra teníamos aquí al jefe del Estado, al dictador, y sin embargo nadie estaba escribiendo sobre lo que pasó. El historiador Emilio Grandío me lo dijo. Toda la gente quiere estudiar la Segunda República o el nacionalismo gallego, pero la construcción del franquismo nadie la estudia, todavía hay miedo. Parece que o te van a tachar de franquista o de lo contrario. Efectivamente, es un tema conflictivo, pero pasó y hay que hablar de ello.

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