Virginía De Díaz: «Cuando emigré nadie creía que fuese a durar fuera más de un mes»

Alejandro García Chouciño
A. g. chouciño A CORUÑA

A CORUÑA

Virginia De Díaz pinchando en una sala para ella sola del club About Blank, en Berlín
Virginia De Díaz pinchando en una sala para ella sola del club About Blank, en Berlín

Esta coruñesa trabaja como fotógrafa y compositora en Berlín desde hace años, pero su principal motivo para irse a Alemania fue el amor

10 sep 2020 . Actualizado a las 18:33 h.

Su primera experiencia fuera de España comenzó hará casi nueve años. «Antes de vivir en Berlín estuve dos años en Escocia», relata Virginia De Díaz (A Coruña, 1980). «Tuve la suerte de que conocí a alguien que tiene las mismas inquietudes que yo, así que no suponía mucho problema arriesgar lo poquito que tenía en ese momento. Afortunadamente llegué con una casa, que es lo esencial en la capital alemana», señala. No obstante, los inicios no fueron tan sencillos como ella creía: «Ser aventurero tiene su precio. Yo no tenía nada que perder y nunca he sido de retos sencillos. Quizá por eso aún continúo aquí, pero si no te gusta esto... ¡vas bueno!».

Para llegar a dedicarse a la fotografía y a la música tuvo que pasar antes por otro tipo de empleos. «Por aquí se pasa por todo. Lo primero es hacerte con un cuaderno de resistencia. Con el tiempo conoces a gente y tu círculo permeabiliza y se abren otras opciones, pero no te puedes relajar», destaca De Díaz. Por suerte para ella, conoció a muchas personas que le «han abierto la puerta sin dudarlo. Aquí se lleva el ‘we trust in you', luego te toca demostrar». Por otra parte, añade que en Berlín hay una gran competencia en su gremio. «Si no te conoce nadie y quieres el trabajo e ir haciéndote un currículo toca pasar por la precariedad berlinesa, comparada con los capitalismos de las artes en otras partes del mundo. Luego podrás crecer».

«Tengo amigos que vienen a visitarme y no sabes lo que se agradece la visita»

Su éxitos llegaron gracias a su insistencia y convicción. «Cuando emigré nadie creía que fuese a durar fuera más de un mes. Al final resultaron dos años. En esta segunda salida mi abuela vio que iba en serio y me apoyó. También tengo amigos que vienen a visitarme y no sabes lo que se agradece la visita», comenta De Díaz.