Lúpulo, un cultivo industrial que exige gran conocimiento para ser rentable

Su elevada mano de obra y una inversión inicial considerable son factores a tener en cuenta


redacción / la voz

No hace tanto tiempo que Galicia soñó con convertirse, después de la Segunda Guerra Mundial, en una potencia en la producción de lúpulo, una planta trepadora de la familia de las cannabáceas cuyas panículas son usadas como saborizante y agente estabilizador de la cerveza. Pero la orden de cambiar la ubicación, en 1959, de la Sociedad Anónima Española de Fomento del Lúpulo de Galicia a León, en el entorno del río Órbigo, echó por tierra aquel sueño. La última cosecha, antes de que volviera a impulsarse su cultivo desde el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo a principios de la década del 2000, la recogieron en 1981.

Ahora, aunque a priori resulta complicado volver a tener la hegemonía en el cultivo de esta planta de la que gozó Galicia hace más de sesenta años, la comunidad intenta hacerse un hueco en un mercado en el que España es deficitaria.

En esa línea van las ayudas al sector del lúpulo publicadas en el Diario Oficial de Galicia. Las subvenciones, dotadas de más de 45.000 euros, van dirigidas a poner en marcha nuevas plantaciones, mejorar las existentes o adquirir la maquinaria necesaria para la actividad.

Porque como explica el técnico de Mabegondo experto en lúpulo, Juan Valladares, «o lúpulo é un cultivo industrial» y, por tanto, «a labor do agricultor non acaba na recolección. Unha vez feita tense que secar nas 24 horas seguintes». Valladares explica con detalle el proceso al que debe de someterse la flor una vez que se ha cortado. Porque la parte que se aprovecha para la elaborar la cerveza no es el fruto, es la flor. Y solo de plantas hembras. De ahí que la cerveza tenga mucho más del género femenino que el nombre.

«Hai unha máquina que separa as flores da planta. É a que se chama peladora e despois hai que baixarlle a humidade da fror dun 80 % ata o 10 %. Iso faise dentro dun sequeiro. Tense que facer todo o proceso nas 24 horas seguintes á corta para que non perda aceites, alfa ácidos... porque senón a lupulina, o que lle interesa ao mestre cerveceiro, acaba deteriorándose». 

Mano de obra

Para que el cultivo del lúpulo sea rentable, hay que dominarlo. Y no es que todavía se sepa mucho sobre él: «É unha pranta que ten moitos puntos críticos. Precisa moita man de obra porque hai procesos que todavía hai que facer de xeito manual». Por eso, después de haber hecho números calcula que «un agricultor só non pode con máis de catro ou cinco hectáreas de producción».

Es por eso que lanza una recomendación: «Hai que ter en conta que é unha pranta froiteira que vai requerir dun investimento inicial grande. Dese xeito é mellor empezar con pouco e ter moi claro que se quere emprender neste terreo», apunta. A su juicio, unos de los que pueden aprovechar las ayudas de Medio Rural, más allá de grandes cooperativas, son los microcerveceros con producciones más discretas. Porque la cuestión es que el lúpulo es a la cerveza lo que el comino a los callos.

Y como en todo también aquí cada maestrillo tiene su librillo a la hora de marcar la cantidad adecuada para elaborar este brebaje: «Todo depende del maestro cervecero, pero para elaborar 1.000 litros de cerveza se precisan entre uno y cinco o seis kilos de lúpulo».

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