El okupa «Spiderman»

Un hombre trepa hasta un primer piso de una casa en A Coruña para meterse en una casa abandonada


a coruña / la voz

Escalar hasta la ventana del primer piso del número 4 de la calle Francisco Tettamancy no está al alcance de cualquiera. Para Carlos fue coser y cantar. Cuenta un vecino de la zona que vio el desparpajo de este hombre para trepar por la tubería del desagüe «como un lagarto», romper la ventana de una patada y colarse en el inmueble. Se trata de un edificio abandonado de dos pisos y el bajo acogió durante muchos años el bar Germán, muy frecuentado en tiempos remotos. Hoy su fachada está cubierta por una malla para evitar la caída de cascotes, que fue cortada con un cúter por el okupa para alcanzar la ventana.

La ocupación apenas le duró unas horas. Entró el viernes por la noche y este sábado por la mañana ya tenía a varios agentes aporreando la puerta para que les abriera. Carlos lo hizo y se fue sin más mientras la policía precintaba la puerta y le advertía de que no lo volviera a hacer. Ahí no lo hará, dice, pero lo hará en otro porque, según cuenta, no tiene dónde dormir. «Así que buscaré otra casa abandonada por otra zona».

Carlos pide limosna en el supermercado que hay enfrente de esa casa que ocupó por unas horas. Cuenta que se quedó sin un techo bajo el que vivir, pues llevaba meses sin pagar la habitación y el dueño lo echó. Así que ahora busca una vivienda. «Pero abandonada eh, que yo no ocupo la casa de nadie al que le pueda molestar», advierte.

Así que ahora busca una vivienda. «Pero abandonada eh, que yo no ocupo la casa de nadie al que le pueda molestar», advierte.

El hombre padece una cojera que no le impidió superar los tres metros y medio de altura que hay de la acera a la ventana. «Fue increíble verlo subir a pulso. Como si tuviera conocimientos de escalada. Yo no sería capaz ni con una escalera», explica la persona que lo vio. Recuerda que, una vez que logró acceder al interior, nada se supo hasta que amaneció, cuando llegó la policía. Los agentes llamaron a la puerta y Carlos les abrió la puerta de la calle, que tuvo que forzar para poder dar paso a los policías. Hablaron un rato con él, recuerda otro de los vecinos de la zona.

«Me dijeron que si intentaba volver a entrar en la casa, ahora que ya está precintada, me metería en un problema gordo», dice el okupa tendiendo la mano a una clienta del supermercado.

El hombre anunció que cuando terminara de pedir, empezaría a buscar una casa para él y para una amiga con la que comparte todo. «Pero no somos novios», advierte. Por la tarde tenía previsto encontrar cualquier edificio abandonado por la zona, aunque sabe que «será difícil». Asumía que tendría que ir a otro barrio porque por los Mallos «ya no quedan lugares para ocupar». Cree que tendrá que desplazarse a las afueras de la ciudad.

Carlos lleva años de okupa. «Viví en una casa abandonada en la que había muerto un hombre. Los vecinos se enteraron por el olor. Yo me metí cuando sacaron el cadáver pese al mal olor que había», recuerda.

Eso sí, jura que de tener una paga, «por muy poca que sea», podría pagarse una habitación. Pero no es capaz de resolver los trámites y siempre le rechazan la petición. También estaría dispuesto a trabajar pese a que la cojera que padece lo limitaría. «Pero no para trabajos como pintar u otros en los que no necesite utilizar las piernas».

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