Inés Picado Molares, violista: «La música es un agente democratizador»

Mila Méndez Otero
mila méndez CORUNA / LA VOZ

A CORUÑA

Inés Picado compaginará su actividad en A Coruña con su trabajo en la Musical Arts Madrid
Inés Picado compaginará su actividad en A Coruña con su trabajo en la Musical Arts Madrid Pombo

La intérprete regresa a A Coruña después de una etapa de diez años tocando por el mundo

21 jul 2020 . Actualizado a las 14:53 h.

Se suele asociar la fuga de cerebros con la huida de las mejores mentes científicas. Pero, entre estos talentos que pierde Galicia también se escurre demasiado arte. Inés Picado Molares (A Coruña, 1988) tiene una nueva premisa después de más de diez años tocando por el mundo. «Cuando más cerca de casa, mejor», dice decidida. Después de vivir en Estados Unidos y en Suiza regresa a Galicia. Su primer trabajo es en la capital española, en la academia de música Musical Arts Madrid, pero su base estará en A Coruña. Donde quiere seguir desarrollando sus dos pasiones, la música de cámara y la docencia.

-¿Hay fuga de cerebros en la música?

-Hay muchísimo talento para exportar en la música clásica en A Coruña, en gran parte, gracias al trabajo de la Orquesta Joven de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Muchos decidimos regresar y eso tiene su valor. Un valor que hay que apoyar para que su repercusión sea exponencial.

-¿Por qué volver?

-Mi ilusión siempre fue regresar y devolver lo invertido en mí. ¿Por qué no llevar a cabo aquí, en mi tierra, lo que hacía en Estados Unidos? Sí que fue arriesgado, sobre todo, en el momento en el que nos tocó hacer las maletas. A mí y a mi pareja, Pedro Rodríguez, que es violinista. Emprendimos esta aventura con la pandemia golpeando muy fuerte al sector cultural.

-¿Cómo fue la experiencia fuera?

-Aprendí mucho. En Estados Unidos fundé con otros tres compañeros Vera Quartet, con el que fuimos cuarteto en residencia en la Universidad de Indiana. Dimos muchos conciertos por todo el mundo, Hong Kong, Vietnam, Japón, Corea del Sur... y trabajamos como mentores en el Curtis Institute of Music, de Filadelfia, uno de los centros educativos más selectos y de mayor prestigio a nivel internacional. Su porcentaje de admisión es del 4 %.

-¿Se valora aquí la música clásica?

-Absolutamente, sí. Y la Orquesta Sinfónica ha hecho mucho por eso en A Coruña. Me gustaría trabajar para atraer a gente, a los jóvenes, a la música clásica. Acercar nuestro lenguaje a todos los públicos.

-¿Una violista puede escuchar reguetón?

-La finalidad de la música es transmitir emociones. Todos los estilos se complementan y, de una manera u otra, todos lo consiguen. No creo que haya que discriminar ni poner etiquetas que nos limiten tanto.

-¿Es su caso?

-Yo escucho mucho jazz y, últimamente, música folk [sonríe].

-¿Es elitista la música clásica?

-Hay un estereotipo arraigado, pero, si nos ponemos a indagar, muchos de los grandes compositores, Beethoven, Haydn, Bartók partieron de músicas populares, del folclore de sus países, para crear las piezas más importantes de su repertorio. La imagen de los músicos con el frac en los escenarios de ópera, ese look está un poco anticuado. Quizás deberíamos actuar más en escenarios abiertos, que es lo más aconsejable en estos tiempos [hace un inciso]. La música es para mí un elemento democratizador importantísimo que debe llegar a todos los públicos, independientemente de la edad o el grupo social.

-¿Cómo se puede conseguir que un adolescente pinche a Bach?

-Hay que fomentar la curiosidad. Poco a poco, se están asentado las interpretaciones más interactivas con el público. No es lo mismo ir a un concierto, sale el músico, toca y ser marcha. Es frío, hay una distancia. La historia de la creación de la pieza, las conexiones personales del autor, curiosidades de la preparación...Eso hay que hacerlo llegar, crear un vínculo. El otro día fui a una exposición guiada de Chagall en la Barrié. Como con el resto de las artes, en la pintura se hacen eventos divulgativos para dar una mayor compresión de la obra. La música clásica raras veces se ve en este formato y nos estamos dando cuenta de que es imprescindible.