María del Pilar Posada Ramos, pintora: «Me gusta mucho el realismo, pinto lo que veo»

«No me gusta hacer copias, prefiero caminar por el monte o por A Coruña», señala la artista

María del Pilar Posada, en el bar donde expuso sus obras
María del Pilar Posada, en el bar donde expuso sus obras

A Coruña

Nunca es tarde para dar un giro a tu vida y encontrar una pasión que compartir con el mundo y, además, intentar convertirla en la forma de ganarse la vida. María del Pilar Posada Ramos cumplirá 59 años en este 2020. Nació en Colinas de Trasmonte, provincia de Zamora, aunque de pequeña se trasladó con sus padres a Bilbao. Desde hace 26 años está en Galicia y, de hecho, sus hijas ya nacieron aquí: «Ellas son gallegas y yo también». A pesar de haber estudiado la carrera de empresariales en el País Vasco, ahora es pintora.

«Hace unos cinco años, más o menos, decidí apuntarme a unas clases que se impartían a través del Concello. Después fui discípula del pintor Manuel Romero Castro, noiés que vivía en A Coruña, donde falleció el pasado mes de febrero», resalta. Las hijas de María del Pilar fueron las que la animaron a tomarse más en serio que desarrollara su faceta artística.

Así fue engrosando su obra, hasta que este mes pudo verse parte de ella en una cafetería de O Temple: «No pude poner todos los cuadros, por lo que intentamos elegir los mejores. Me decidí a exponer porque a la gente que venía a casa le gustaba lo que hacía. En la muestra había ejemplos de las diferentes técnicas que utilizo».

Variedad de estilos

Posada comenzó pintando al óleo, para después investigar con acuarelas, tinta china y adentrarse en el retrato: «Suelo hacer retratos a personas de confianza para regalos. Empecé hace poco haciéndolos a lápices de sombras», comenta.

«A mí me gusta mucho el realismo, pinto lo que veo», explica. Para ello, se inspira «en fotografías que hago o que veo. No me gusta hacer copias, prefiero ir caminando por el monte o por A Coruña y si me gusta un sitio y tengo la posibilidad, me siento a observarlo con mis acuarelas. Si no puedo, lo fotografío para luego trabajar en casa».

De su etapa formativa destaca las clases con Manuel Romero, del que dice que «me enseñó mucho». Hasta el punto de que «hice un cuadro con él y acabó saliendo una cosa diferente a lo que, en un principio, quería. Nos inspiramos en una fotografía famosa en la que aparecen flamencos al anochecer. Nosotros los pintamos en un amanecer y conseguimos más color».

En continua formación

Y tiene claro que no va a renunciar a seguir aprendiendo, ya que sabe que esto es una carrera de fondo: «En lo referente a la pintura, me va a gustar probar cosas nuevas. Lo mismo hago un paisaje, un animal o un retrato. Me atrevo, y lo que me enseñan los profesores siempre es bienvenido. Ahora que estoy con el retrato, creo que, en este caso, lo más difícil puede ser conseguir de una forma lograda la expresión de los ojos. En este caso manda bastante el cliente».

Para darse a conocer, y también con el apoyo de sus hijas, recientemente abrió una cuenta en la red social Instagram para mostrar al mundo su trabajo. Gracias a la exposición que realizó en el negocio hostelero de O Temple ya consiguió vender algunos de sus cuadros, como una representación del castillo de Santa Cristina y una escena en la que se podían ver elefantes en la selva durante la noche.

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