El personal de las mesas y los electores destacaron el buen funcionamiento del protocolo

La mayor parte de la gente acudía ya con la papeleta de casa


Santiago / La voz

A falta de cinco minutos para la apertura, en el CGAC ya había más de una quincena de personas aguardando para votar. Entre ellas, Alberto, que tenía que ir cuanto antes a cuidar a su madre de 93 años. Pero muchos de los que adelantaron su voto tenían en sus planes viajar o darse un chapuzón porque en esta jornada electoral veraniega, las opciones se multiplicaban. Este era el caso de María Sánchez y Fabián Negreira, que incluso acudieron con una pequeña maleta -que custodió su hija en el exterior- para de inmediato dejar la ciudad.

Con la mirada puesta en darse un chapuzón en la playa acudió Josefa Charlín a votar en torno a las once de la mañana al IES Rosalía, aunque se demoró más de lo previsto. «Levoume máis de 15 minutos», explicaba. Con cuatro mesas y asumiendo también electores del Aeroclub, fue uno de los colegios que ayer vivía colas, lo que incluso llevó a alguno de los votantes a desistir en su primer intento de ejercer su derecho a voto e intentarlo más tarde. A última hora de la mañana, variaron el sentido de la cola para evitar el calor. También con las altas temperaturas tuvieron problemas los miembros de una de las mesas del IES Pontepedriña, al coincidir bajo una cúpula traslúcida.

Media hora de espera

Para colas, las que se vivieron en algunos momentos ante el pabellón polideportivo de O Milladoiro -donde había doce mesas- poco antes del mediodía. Eso sí, como en otros puntos, los mayores de 65 años tenían prioridad para evitarlas. «Me llevó media hora. Si es necesario que le pongan un auxiliar», se lamentaba Pilar, que votó en la mesa que más demora acumulaba -aguardaban más de treinta personas mientras en las otras no había nadie-. Al mismo tiempo que ella salían Vanesa y Carlos -«levounos tres minutos»- y cogían rumbo a Aguiño.

Tanto el personal de las mesas como los electores destacaban el buen funcionamiento del protocolo, que junto a geles y mascarillas, incluía itinerarios distintos de entrada y salida para evitar, en la medida de los posible, cruzarse. Así, tocó recorrer los pasillos del CGAC o un paseo por todo el claustro del IES Rosalía. Además, las medidas de limpieza se intensificaban. En puntos como La Salle, en caso de que los electores por algún motivo tocasen la mesa, ya procedían a una nueva desinfección. Unas medidas, que según apuntaban los votantes, transmitían tranquilidad. «Non tiven dúbidas en vir votar, todos os anos que puiden, fíxeno», aseguraba Jesús Barreiro a la salida del CGAC, donde a primera hora había votado la candidata del BNG, Ana Pontón, así como un amplio grupo de monjas y el arzobispo de Santiago, Julián Barrio. Si en puntos como el IES Rosalía y el CGAC se veían colas, en otras mesas, caso de Medicina, Filosofía, San Xerome o el IES Fontiñas, la afluencia era menor al ser menos mesas. El presidente de una de las situadas en Fontiñas, Amancio García, que ya había estado en otros dos procesos con anterioridad, explicaba que solo se produjeron picos puntuales. La mayor parte de la gente acudía ya con la papeleta de casa.

En estas elecciones, el dispositivo se amplió de manera considerable, con personal regulando las entradas y echando gel, además de en el exterior. También era mayor la presencia policial. En casos como en el IES Rosalía, incluso ayudaban a las personas de mayor edad a cruzar la calle. Precisamente, en este punto se produjo alguna de las incidencias de la jornada, al tropezar con el escalón existente. Un hombre necesitó atención médica al sufrir un pequeño corte en la frente. También en O Milladoiro una persona que iba en silla de ruedas volcó, pero sin consecuencias, pudiendo votar con posterioridad.

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