«Veíamos Mera desde el piso y nos subíamos por las paredes»

Un matrimonio con casa en Maianca narra su encierro en A Coruña. El 13 de marzo volaban a París por sus bodas de oro


Oleiros / La Voz

La historia reciente de Paco y Purita gira en torno a la letra P. Además de sus nombres, este matrimonio vio cómo la pandemia les dejaba en tierra en su viaje a París, previsto para el 13 de marzo. El vuelo no llegó a cancelarse, pero viendo todo lo que ocurría a su alrededor, optaron por no arriesgarse. «A ver dónde estamos hoy si hubiéramos cogido aquel avión», señala Paco Suárez. No era un viaje cualquiera. La visita a la capital francesa suponía la culminación de sus bodas de oro, celebradas en octubre del año pasado. Pero París tendrá que esperar, seguramente menos de un año. «Es el plazo que me han dado para el bono del viaje de vuelta, el de la ida ya lo perdimos», dice Paco. Y lanza otra palabra con P: «Paciencia, toca esperar».

Pero este episodio del viaje lo cuentan restándole importancia. Porque para ellos es una anécdota menor al lado de toda la locura que les ha envuelto en los últimos meses. Con noticias luctuosas incluidas. «Conocíamos a dos personas que murieron por el covid después de hacer viajes del Imserso a la zona de Levante», señala Purita Maceiras. «Eran de Betanzos y de A Coruña, terrible, esto no es ninguna broma», añade.

Así que este matrimonio que ha rebasado junto el medio siglo ni siquiera apuró los tiempos para refugiarse en su casa de Mera para pasar allí el confinamiento. Al principio no creyeron que fuera a durar tanto. Pero pasaban las semanas y desde su piso de la calle Tui, en la zona de las Atochas, en una quinta planta, veían y añoraban la playa de Mera. «Nos decíamos mira qué playa, mira qué sol”, y seguíamos encerrados, nos subíamos por las paredes», recuerda Paco, de 77 años, los mismos que su esposa. «Me cansé de limpiar la casa, de palillar», dice Purita. «Y yo pintando cuadros», apostilla él.

Así que, en cuanto «abrieron» la ciudad para salir a las segundas residencias dentro de la misma provincia, el veterano matrimonio se instaló en su casa de Maianca, a apenas un kilómetro de la playa de Mera, que ahora exprimen cumpliendo los horarios recomendados. Son las doce del mediodía del jueves 28 y ya se retiran del arenal. Siguen manteniendo los protocolos porque saben que ningún lugar está exento de rebrotes. Y recuerdan, de nuevo, que conocían a gente «que se llevó esta pandemia».

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