Así va el código QR en las playas coruñesas

A nadie se le pasa por la cabeza, salvo que sea un extranjero que pone por primera vez un pie en nuestro arenal, quitarle ese hueco a ninguno de los que allí han dejado su esfuerzo durante tantos años


Lo que hubiera dado solo un segundo por ver a Pepe, el del Matadero, con la gorra para atrás enseñándole un código QR a un hombre de uniforme para acceder a su playa. Solo por esa escena de ciencia ficción hubiera valido la pena la película que nos querían montar con este rollo del acceso a las playas coruñesas. ¡Pero cómo vamos a tener código QR nosotros, si ya tenemos sitio fijo en cada uno de nuestros rincones; si ya tiene nombre propio y herencia esa esquina del Matadero! Que esto no es Silgar, hijos míos, que no está lleno de gente de fuera. Que en Coruña cada recunchiño de arena está parcelado y organizado de acuerdo con nuestro código particular, que tiene una precisión que ya quisiera para sí la más alta tecnología. No nos hace falta ningún sistema de reconocimiento facial porque aquí nos tenemos todos fichados de acuerdo a nuestra experiencia que lleva años y años cuadrando esos metros de playa para que no falte nadie a su hora. Os recuerdo esa frase que escuché una tarde en el Matadero cuando una mujer vio cómo de pronto bajaba por la escalera una que no era habitual: «¿E esa que fai aquí, se é de Oza?». ¡Si eres de la playa de Oza cómo se te va a ocurrir aparecer de pronto en Matadero! Eso no se entiende en el código coruñés que tiene incluso tramos marcados por horas.

Vamos a ver, ¿a quién se le ocurriría decirles a los que se bañan a diario en la zona de las Esclavas, a los que tienen la percha de su ropa sin necesidad de poner su nombre encima que esa zona no es suya? ¿Algún voluntario para pedirles el DNI? No me imagino yo a nadie negándoles el acceso o sugiriéndoles que de pronto se muevan al otro extremo a otra hora. ¿Una guerra Esclavas contra Matadero? ¡Buf! ¿Alguien les va a quitar el puesto a Los Hombres de Paco que se sientan todos los años encima de las escaleras de las rocas de las Esclavas, con su silla de terraza y sus cartas para jugar la partida? Es una cuestión peliaguda que ningún coruñés querría afrontar porque ya da por hecho que en cuanto salga el sol, allí estarán ellos celebrando el buen tiempo. Y sin follón.

Cualquiera que sepa cómo va ese rincón de la pared de la playa de Matadero no baja la rampa sin echar a la vez un ojo para ver si falta alguno de los fijos, y a nadie se le pasa por la cabeza, salvo que sea, pobrecito, un extranjero que pone por primera vez un pie en nuestro arenal, quitarle ese hueco a ninguno de los que allí han dejado su esfuerzo durante tantos años. El esfuerzo de no faltar ningún día, a la misma hora, para extender la toalla y dar charla a los compañeros de rincón. Eso en esta ciudad es un oficio que se reconoce y se valora. Por eso ninguno de los que hemos bailado en la discoteca en los ochenta bajamos jamás por la tarde las terceras escaleras del Orzán. ¡Concho, que para todo hay una edad! Déjense de QR y drones de vuelo bajo, que llevamos mucho tiempo gobernándonos. Aquí el verano lo organizaremos los coruñeses por todo lo alto.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

Así va el código QR en las playas coruñesas