«Nos cogió el estado de alarma en A Coruña y no nos iremos nunca, nos enamoramos»

Un célebre procurador y su mujer, atrapados por el virus en la ciudad «más maravillosa del mundo»

Melquíades Álvarez, decano de los Procuradores de España, y su mujer, Ángeles Longueira, se quedaron atrapados en A Coruña por el estado de alarma, se enamoraron de la ciudad y decidieron quedarse a vivir.
Melquíades Álvarez, decano de los Procuradores de España, y su mujer, Ángeles Longueira, se quedaron atrapados en A Coruña por el estado de alarma, se enamoraron de la ciudad y decidieron quedarse a vivir.

a coruña / la voz

Viéndolos cogidos de la mano, sentados en un banco, riéndose y mirando al mar, parecen unos adolescentes de 16. La noticia no es que ella tenga 80 y él 92. Eso es lo de menos. La suya es una historia de amor que la coge un bien guionista y hace una película de Óscar. Por eso hoy salen en el periódico. Por eso y porque tienen un relato que contar maravilloso. Melquíades Álvarez Buylla y Ángeles Longueira se quedaron prendados hace cuatro años y les encanta contar cómo se enamoraron y decidieron casarse. No hace falta preguntarles nada. Solo hay que apuntar lo que dicen y es tan bonito lo que se escucha que uno llena una libreta con sus vidas.

Lo suyo no es un flechazo. Es un cañonazo de ternura. Ángeles fue la ama de llaves de Melquíades y su fallecida esposa durante toda la vida. Crio a sus hijos y cuidó durante años a la mujer del que hoy es su marido tras una larga enfermedad. «Mi marido estuvo casado con la mujer más maravillosa y buena del mundo», dice Ángeles. Fue tal la dedicación y el cariño que ambas mujeres se profesaban que aquella le dejó en vida la mitad de su herencia. Al morir, Melquíades y Ángeles se enamoraron y hasta hoy «y para siempre».

Melquíades fue el decano de los Procuradores de España y nieto del primer presidente del Congreso de la República. Nunca le faltó de nada. Ni el sentido del humor. Grandioso.

En febrero, Ángeles Longueira superó una dura enfermedad y ambos decidieron pasar unos días en A Coruña, en una de las casas que tienen por toda España. Llegó el 14 de marzo y se declaró el estado de alarma, lo que les obligó a quedarse en la «ciudad más maravillosa del mundo». Aquí pasaron confinados, sin salir, toda la cuarentena hasta que el Gobierno les puso un horario para dar un paseo. Desde entonces, no fallan. Salen de casa, se ponen la mascarilla, se suben a un bus, se bajan en Riazor, se sientan en un banco varias horas y pasean. A veces no hace falta más que eso para quedarse «enamorado de esta ciudad. Por sus gentes, por su belleza, tranquilidad y clima», dice Melquíades.

Así fue como «el maldito virus tuvo su parte positiva para que decidiésemos quedarnos en esta ciudad para siempre», dice él. «Aquí descubrimos una vida fascinante de la que no nos queremos separar. Nos enamoramos de A Coruña como nos enamoramos el uno del otro», añade Ángeles. «Nos contagiamos de amor», le responde Melquíades.

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