Los vecinos de Orillamar, hastiados de trapicheo de drogas y violencia

El autor del disparo que desgarró la mano de un hombre permanece detenido

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Las familias rodean al agresor de Orillamar minutos después del disparo

A Coruña

«Lo que queremos es que se haga justicia de una vez, y que vayan a la cárcel los que deben», dice Santiago, un vecino de la plaza Luis Rodríguez Lago, donde se levantaban los antiguos arcones de Orillamar. Santiago quiere guardar el anonimato y prefiere utilizar un nombre ficticio, como muchos residentes de la zona tiene miedo a posibles represalias. Pero está cansado del problema de las drogas, que relaciona con la confusa reyerta ocurrida en la plaza a última hora del lunes.

El incidente terminó con un detenido, E.? J.? J., de mediana edad, toxicómano y con antecedentes por tráfico de drogas, que supuestamente habría causado una herida de bala a un hombre en una mano durante el transcurso del enfrentamiento. E.? J.? J. no había pasado a disposición judicial al cierre de esta edición. Su arresto se produjo tras haber permanecido atrincherado en un sexto piso de la plaza durante horas.

Según fuentes de la investigación, cuando fue detenido ya no tenía la pistola con la que había efectuado el disparo, se la había entregado antes a uno de los líderes de la comunidad gitana, que según las mismas fuentes ejerce «como patriarca», aunque algunos vecinos le negaban ayer ese papel de mediador. Ante la gravedad de la situación se llegó a plantear una intervención de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) de la Policía Nacional, pero no fue necesaria, y el hombre pudo ser detenido sin necesidad de una operación de gran envergadura, señalaron las fuentes antes mencionadas.

Las circunstancias que rodean el incidente eran todavía ayer muy confusas. Fuentes policiales señalaron la presencia de una mujer que habría resultado herida durante el altercado, y apuntaron que en el lugar de los hechos se encontraron hasta tres casquillos de bala. Sin embargo, otras fuentes oficiales al corriente de la investigación apuntaron que por el momento no se ha acreditado ninguno de esos datos. Desde la Policía Nacional no se facilitó ninguna información que permitiese esclarecer esos extremos.

Un vídeo de parte de la pelea

Ayer también empezó a circular un vídeo de la reyerta, que se habría grabado poco después de que se produjese el disparo.

En el vídeo, de un minuto y 35 segundos de duración, se aprecia a un grupo de más de 20 personas, hombres y mujeres, que discuten, gritan y gesticulan en un ambiente de gran nerviosismo. La mayoría de los congregados se dirige hacia un varón, al que es difícil seguir en el medio del tumulto. Según los testigos se trata del supuesto autor del disparo, que se va retirando hacia el portal de uno de los inmuebles.

Las mismas fuentes explicaron que se refugió allí por temor a ser agredido. Aseguran además que también fue el miedo el que le llevó a hacer el disparo, ya que le habrían «amenazado» con un arma blanca. Sin embargo, ninguna de las fuentes policiales consultadas coinciden con esa versión.

En lo que sí coinciden todos es en que el problema de las drogas que afecta al barrio desde hace años -en el 2018 se produjo una gran redada en los antiguos arcones- está detrás de lo ocurrido.

Varios testigos aseguran que el altercado del lunes estalló cuando el autor del disparo recriminó a otro hombre la existencia de un problema de estupefacientes en la barriada. El reproche habría desencadenado una discusión entre ambos, de etnia gitana, que se fue agravando mientras acudía más gente al lugar. Hasta que se produjo el disparo y la secuencia posterior que se aprecia en la grabación de vídeo.

Once armas de fuego y casi diez kilos de narcóticos incautados

En la madrugada del 21 de junio del 2018, 150 agentes de la Policía Nacional lanzaron en los antiguos arcones de Orillamar la mayor redada antidroga ocurrida en la ciudad en los últimos años.

Los agentes peinaron 15 apartamentos de la plaza Luis Rodríguez Lago, y cinco viviendas más del barrio de Monte Alto.

El resultado del operativo fue la incautación de 50.000 euros, siete kilos de hachís, 1,5 de cocaína, un kilo de heroína, un revólver, seis pistolas y tres escopetas con los cañones recortados, además de munición.

Fueron detenidas esa misma mañana 24 personas, 14 hombres y 10 mujeres. La operación quedó abierta, ante la posibilidad de que las pesquisas permitiesen nuevas detenciones. Así ocurrió. En las semanas siguientes se produjeron otros seis arrestos. Entre ellos cayó en manos de la policía una de las personas que suministraba drogas a los distribuidores coruñeses. Fue interceptado el 4 de julio del 2018 en Ferrol, junto a otra persona. En el coche en el que viajaban transportaban cerca de un kilo de cocaína. En fechas posteriores se produjeron las otras cuatro detenciones.

La mayoría de los arrestados en los arcones estaban relacionados con el entonces ya fallecido Antonio Jiménez Jiménez, conocido por ser el único gitano del antiguo poblado de chabolas que tenía una nómina.

Trabajó en los muelles, y cuando el Ayuntamiento construyó las viviendas sociales que reemplazaron los barracones tuvo un papel clave para que aquella salida de la marginalidad llegara a buen puerto. Parte de sus hijos continuaron sus pasos, pero otros se desviaron por el camino de la venta de drogas, en el que parte de los habitantes del poblado ya habían entrado en los años 80.

Algunos fueron apresados, pero volvían al negocio en cuanto dejaban la cárcel. En el 2018 cayeron muchos de ellos, pero lo vecinos insisten en que sigue habiendo droga en la zona.

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