«Que alguien me explique por qué rige la misma norma en la Gran Vía y en una aldea de Oza»

Los alcaldes de concellos sin muertes por covid piden reglas de la cuarentena más laxas en zonas rurales


Oza-Cesuras / La Voz

Desde que se ordenó el confinamiento, el alcalde de Oza-Cesuras, Pablo González Cacheiro, se hace la misma pregunta: «¿Tiene sentido aplicar la misma norma en la Gran Vía de Madrid y en una aldea de mi pueblo? Que alguien me lo explique». Y con el paso de los días, lejos de encontrar la respuesta, se indigna con la pregunta, al verse obligado a decirle a sus vecinos que no pueden salir de casa, que da igual que vivan solos en medio del monte, que la ley es la ley. «Somos los alcaldes, los ayuntamientos, los que conocemos las necesidades reales de nuestros vecinos, y no digo que el covid-19 sea un chiste, al contrario, debemos actuar con prudencia, cautela, pero, si se me permite, también con sentido común», señala González Cacheiro. «Creo que habría incluso que endurecer las normas en ciudades como Madrid, mientras que aquí, en municipios rurales no tienen sentido, están matando moscas a cañonazos», espeta el alcalde de PP, quien lideró la fusión de Oza dos Ríos y Cesuras hace ocho años.

La pandemia le ha pillado con superávit en las cuentas municipales y no ha dudado en aportar, desde esta semana, 2.500 euros a cada negocio que se haya visto obligado a cerrar por la cuarentena. «Y estamos preparando otra ayuda para aquellos comercios que, pese a seguir abiertos, han visto mermada su venta», añade el regidor, que asegura que está teniendo «el triple de trabajo».

Pero vamos a ver, si aquí caminas tres kilómetros y no te encuentras con nadie ni queriendo»

En este municipio no ha habido que lamentar muertes por el covid-19, igual que en Coirós, cuyo alcalde, médico de profesión, dice que la prevención ha sido pésima. Al igual que su colega de Oza-Cesuras, el regidor Francisco Quintela (PP), considera «una barbaridad» aplicar a sus vecinos el estricto enclaustramiento ordenado desde Madrid. «Pero vamos a ver, si aquí caminas tres kilómetros y no te encuentras con nadie ni queriendo», ironiza el regidor, quien retoma el papel de médico: «El paseo es algo fundamental, entiendo que ese sacrificio haya que hacerlo en las ciudades, pero aquí, en Coirós,… vamos a acabar todos con una depresión y una ansiedad». «Y luego los negocios que obligan a cerrar, ¿vamos a seguir encerrados hasta que salgan las vacunas? Porque entonces si no te mata el virus te mueres de hambre, creo que en el campo la gente ya está muy concienciada de lo que debe hacer, las distancias que hay que tomar...».

Y más de lo mismo en Vilarmaior, un municipio de casas desperdigadas cuyo alcalde, Carlos Vázquez Quintián (PP), ve cómo los vecinos se resignan a no poder pasear «por camiños forestais onde non se cruzan con ninguén». «Non pido liberdade para saír do municipio, pero iso do quilómetro para os nenos aquí é de risa, nin co dobre chega algún á casa dos veciños», replica.

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