Lo más vendido en papelerías: La Voz y cuadernos Rubio

Los empresarios confirman que sus pérdidas superan el 50 %


A Coruña

Algunas papelerías, pequeñas librerías y quioscos de la ciudad cerraron sus puertas después de que se decretase el estado de alarma. Otras muchas se mantienen abiertas, «haciendo un gran esfuerzo, reduciendo el horario y a pesar de las escasas ventas que estamos teniendo», explican los empresarios. Comentan que no les compensa mantener abierto el negocio ya que eso supone pagar el consumo eléctrico o mantener salarios con cargo a unos beneficios que no están teniendo. «En mi caso, por ejemplo, redujimos el horario de apertura en más del 60 %. Tenemos una infraestructura que nos permite atender a los clientes durante 15 horas pero, desde que comenzó todo esto, tan solo abrimos cuatro horas por la mañana», comenta Suso Cambón, responsable de la librería y papelería Azeta.

Dice que las costumbres de los clientes han cambiado y que, a pesar de que reciben muchos pedidos on-line (Azetanarede.com, con envíos gratuitos para pedidos de más de 15 euros) y atienden consultas telefónicas, la gente sigue bajando a por la prensa diaria. «Hacemos casi una labor social porque no nos acercamos, ni de lejos, a lo que vendíamos antes. Lo que más nos piden es prensa, revistas y algo de material escolar, como cuadernos de tareas. Pero en todo este tiempo creo que vendimos dos o tres libros de lectura», añade.

Caída de productos infantiles

Marisol Fernández López tiene un quiosco con su mismo nombre en la calle peatonal de la Gaiteira. Atiende a sus clientes provista con guantes, mascarilla y una pantalla de protección que le consiguió su cuñado. Lleva con el negocio más de 30 años y dice que nunca antes había visto tantos clientes nuevos como ahora. «Sin embargo, paradójicamente, hay muchos de los habituales que ya no vienen, supongo que por miedo a coger el coronavirus». Calcula que sus ventas han caído en más del 50 %, aunque la primera semana tras decretarse el estado de alarma no notó una gran diferencia: «La gente salía a la calle igualmente. Venía a comprar sin preocupación. Pero ahora es diferente. Ahora lo hacen con más cuidado y también pensando en el gasto que van a hacer. Supongo que hay situaciones de todo tipo y tendrán que ir conteniendo gastos, dando prioridad a lo más necesario», dice. Marisol comenta también que lo que más le ha llamado la atención es la caída en picado de la venta de productos para niños. «Ni una revista, ni un cromo... Muy poca cosa, cuando se supone que deberían tener más distracciones», explica esta vendedora.

Por las tardes, cerrado

Añade que por las tardes ya no abre y que en su casa salen adelante porque su marido sí esta trabajando con relativa normalidad. «Salimos adelante porque tenemos un colchón, algo ahorrado. Porque hay que seguir pagando autónomos, la renta y los otros gastos. El problema va a ser hasta cuándo los pequeños empresarios nos vamos a poder seguir apretando el cinturón. Y qué pasará después. Porque si esto dura mucho...», niega con la cabeza.

Mucho crucigrama

Esa misma preocupación tienen otros empresarios del sector, como José Souto, que hace dos años se hizo cargo de la librería y papelería Santé, en la zona del Castrillón. «Cuando cerraron los bares yo comencé a vender más periódicos. De hecho, al principio, durante la semana tenía las mismas ventas que un sábado o un domingo. Ahora no. Ahora las ventas han bajado». En todo caso, confirma que los clientes entran en su local para coger el periódico, las revistas del corazón y muchos crucigramas. «Como yo tengo clases de dibujo, algunos clientes me siguen comprando material. Y estoy vendiendo revistas infantiles para colorear, lápices de colores, cuadernillos de tareas... Pero, curiosamente, muy pocos productos dirigidos a niños como revistas, especializadas, pequeños juegos, chucherías...». José está en su negocio por las tardes, pero solo para hacer papeleo. No descarta que, de seguir así la situación, tenga que cerrar hasta que se levante el estado de alarma.

Pipas y puzles para adultos

Paula Canedo, por su parte, regenta una librería y estanco en Tarrío (Culleredo). Ella explica que La Voz y las principales revistas del corazón no han perdido lectores. Es más, explica que desde que comenzó el confinamiento tiene el doble de ventas. «Quizás porque la gente ya no lee el periódico en el bar y quiere seguir informada. Porque tiene más tiempo para leer y, a su vez, es un motivo para salir de casa. Lo cierto es que, por norma general, la gente viene a por el periódico, el tabaco y pipas». ¿Pipas? «Sí, sí. Antes vendía una caja entera a la semana, y ahora vendo tres. Es decir, el triple». También le sorprende el repunte en la venta de puzles para adultos y la bajada en los productos para niños. «Muy pocos juguetes, algún libro para colorear, algunas gominolas... Pero lo que sí estoy vendiendo muy bien son los cuadernillos Rubio, los de toda la vida, para repasar las tareas del cole». Paula indica que ha reducido horario: abre a las 8.30 en vez de a las 7.30 y, por la tarde, solo está dos horas en el estanco.

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