La Voz

Con mucho humor, pero también con algo de nostalgia. Así han comenzado hoy los actos del entroido coruñés, ya que a media mañana se rindió homenaje a Fernando Amaro Barreiro, más conocido como Cantero, una figura imprescindible en las fiestas de la ciudad y, como describió la alcaldesa, Inés Rey, «a alma do entroido coruñés».

La regidora ha sido la encargada de descubrir la placa instalada en la fachada del número 41 de la rúa Areal de Monte Alto, donde este empleado municipal vivió parte de su vida. En ella se puede leer: «En homenaxe a Fernando Amaro Barreiro, Cantero, porque sempre haberá festa onde el estea e puxo Monte Alto a 100!». Él fue «insansable traballador e coordinador desde o IMCE de todos os eventos culturais e festivos que se realizaban na cidade, en especial o Entroido, a súa festa favorita e na que s afanaba para que todo saíse a perfección». Durante el acto de homenaje, la alcaldesa también recordó que Amaro «axudaba sen pedir nada a cambio». 

Con ella estuvieron la concejala de Fiestas, Diana Cabana; el edil de Cultura, Jesús Celemín; el de Deportes, Juan Ignacio Borrego, otros miembros de la corporación así como familiares de Cantero, miembros de la Asociación Airiños da Torre, de la comparsa Monte Alto a 100, así como numerosos vecinos de este barrio. 

San Amaro vive su particular sambódromo petanquero

a. g. chouciño

Choqueiros, bomberos, corsarios e indios participaron en esta divertida competición en el martes de carnaval

Inmersos en las celebraciones de carnaval que se reparten por toda la ciudad herculina, la pista de San Amaro se convirtió desde las 10.00 horas de este martes de carnaval en un particular sambódromo petanquero, en el que las bolas eran lanzadas por piratas, monjes, indias, bomberos y, como no, algún que otro choqueiro del barrio.

Cerca de una veintena de personas animaron la mañana comentando las jugadas entre risas. «Hoy cuesta más atinar. Ya es difícil vestidos normal, pues disfrazados aún más, pero quién sabe, ¡A lo mejor acierto más!», comentaba Carmen, una fiel jugadora que fue vestida con un tutú y una peluca rosa. Su hermano, José, intentó competir con ella, pero no a la petanca, sino a ver quién llevaba los tacones más altos. «Me va a costar un poco tirar las bolas porque voy de aquella manera. Aquí siempre tratamos de superarnos», indicaba José, disfrazado de choqueiro.

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Una placa para el alma del entroido coruñés