Expropiaciones que marcaron la ciudad

El proyecto del Novo Chuac reaviva la huella de otros grandes procesos de enajenación


A Coruña / la voz

La construcción del Novo Chuac supondrá la expropiación de 38.000 metros cuadrados de superficie en el entorno de Eirís, donde actualmente existen 19 inmuebles, en su mayoría viviendas. Los vecinos que se verán afectados ya se han constituido en una plataforma y elevan la cifra de casas afectadas a 23.

Según la portavoz de este colectivo, Mónica Díaz, no saben más del proyecto «que o que lemos no periódico» y están a la espera de respuesta a sus múltiples solicitudes de reuniones. «Vímonos cos da Marea, temos pendente un encontro cos do BNG e xa nos reunimos con Juan Díaz Villoslada -concejal de Urbanismo, Vivenda e Infraestruturas-. Pero non nos puido dicir moito».

El abogado y exalcalde de la ciudad José Manuel Liaño Flores explica que el del Novo Chuac será «uno más en el rosario de procesos expropiatorios» que sufrió la ciudad las últimas décadas. Uno de los más antiguos que él recuerda y que vivió en primera persona como abogado de los afectados fue el iniciado para la construcción de la actual Avenida de Alfonso Molina. Inicialmente se llamó Avenida de Lavedra y fue inaugurada en el año 1957.

Cuando murió el alcalde coruñés que la proyectó e impulsó, en 1958, tomó su nombre. Liaño Flores recuerda que en aquella época las expropiaciones se ejecutaban rápidamente y, en general, sin grandes problemas. En todo caso, estas obras habían tenido como principal obstáculo la escasez presupuestaria y las numerosas expropiaciones que hubo que realizar. La Voz de Galicia contaba en octubre de 1960 que el regidor, Sergio Peñamaría de Llano, había conseguido entonces el dinero para pagar aquellas enajenaciones. La ampliación de esta avenida obligará en los próximos años a realizar más expropiaciones, calculadas entorno a los 2 millones de euros.

Quizás el proceso expropiatorio más largo y complicado que ha pasado por las manos de Liaño Flores ha sido el de Elviña, con varias de sus aristas. Hace casi 30 años el Ayuntamiento de A Coruña inició el procedimiento para comprar unas fincas en Someso para construir un nuevo campo de fútbol del Relámpago y una carretera autonómica hacia Pocomaco. «No se cumplió el fin inicial de las expropiaciones, porque el Ayuntamiento vendió los terrenos [tras su recalificación] a una junta de compensación. Este fue el proceso que más trabajo, reclamaciones e incidencias generó de los que yo llevé. Y no solo porque fueron más de 600 afectados, sino también porque incluía un derecho de reversión a los propietarios originales», tal y como reconocieron los tribunales. Treinta años después, alguno de aquellos afectados llegó a cobrar más de un millón de euros.

El castro de Elviña

Liaño Flores también defendió a la mayor parte de los expropiados en el castro de Elviña. El proceso «largo y tedioso» se inició en el 2002 y, casi veinte años después, el Ayuntamiento de A Coruña ha iniciado ahora el pago de las enajenaciones en virtud a una sentencia judicial. «Elviña es uno de los ámbitos de este municipio que más expropiaciones sufrió: para las facultades de la UDC, por los yacimientos arqueológicos, por el campo de fútbol de Someso... Yo diría que casi el 50 % de Elviña está expropiado».

La refinería, el aeropuerto de Alvedro, Matogrande, Los Rosales... también se construyeron tras grandes procesos expropiatorios. «Uno de los más curiosos fue, precisamente, el de la urbanización Los Rosales. Todos los propietarios llegaron a un acuerdo para la venta de sus terrenos. No hubo ni una sola reclamación por vía judicial, y eso no es habitual. Hay que tener en cuenta que cuando una Administración expropia no solo es un problema económico para los propietarios, sino también social, porque obliga a cambiar de vida o produce desarraigo. Y además ¿una persona con una vivienda modesta dónde compra hoy un piso?». 

 Un procedimiento amparado en una ley franquista

Los procesos expropiatorios se ejecutan en virtud a la Ley de Expropiación Forzosa del año 1954 y que, según confirma el abogado José Manuel Liaño Flores, sigue más vigente que nunca a pesar de ser «muy autoritaria». El procedimiento, en caso de no llegar a acuerdos, puede resultar muy largo, declarando primero la urgente ocupación para, después, pagar. «Algo que se hace ya como una rutina», apunta. Si no hay acuerdo por el justiprecio, comienza el proceso judicial que puede llegar al Tribuna Supremo, alargándose años. «Pero esto ocurre en todo el mundo. Que yo sepa solo Japón no tiene una ley similar. De hecho, en uno de los aeropuertos de Tokio hay una parcela en medio de las pistas porque no se llegó a acuerdo con el propietario». 

 Pilar Santiago, afectada por el parque ofimático: «Solo nos queda volver a luchar, a salir a la calle»

Ella es una del medio centenar de afectados por las expropiaciones en el ámbito del parque ofimático. Lleva con la mosca detrás de la oreja desde 1991, cuando Manuel Fraga pidió a Francisco Vázquez terrenos para hacer una gran zona de oficinas con tecnología puntera en la ciudad. Pilar Santiago explica que las expropiaciones se iniciaron realmente con la compra de los terrenos «bajo presión», pero que el «gran despropósito» llegó tras la recalificación de los terrenos permitiendo «una especulación pura y dura». «Aquí el problema no es solo que te expropien, sino que nos vimos obligados a ser promotores y a pagar cuotas enormes, inasumibles, para la urbanización del dichoso parque ofimático». Su caso, dice, no es el más sangrante. «A mi vecina le dieron 90.000 euros por dos casitas en un terreno de 2.200 metros cuadrados. La primera cuota para la urbanización fue de 114.000 euros. Y ya no pudo pagar las tres posteriores. Le dan en Elviña una parcela de tan solo 500 metros cuadrados para edificar». Lamenta que al final los vecinos se ven desamparados y con la salud quebrada: «Te quedas sin parcela y endeudado». Y aunque hasta hace poco parecía que los vecinos podrían pagar a través de aprovechamientos urbanísticos, en la última reunión con el edil José Manuel Villoslada esta vía se ha cerrado. «Ahora lo descartan, así que solo nos queda volver a luchar, a salir a la calle. Lo que queremos es que nos desafecten».

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