Enfilando la entrada del puerto coruñés

En 1917-18 entró en funcionamiento el sistema basado en los faros de Punta Oza y Punta Mera


El puerto es seguro y capaz para toda clase de embarcaciones, pero tiene sus peligros. Los marinos los conocen y están indicados en las cartas náuticas y los derroteros. Bajos, restingas y peñas se suceden en distintas partes del trayecto de entrada y pueden hacer naufragar a las naves.

En la bocana de la ría de A Coruña están los bancos submarinos pedregosos de Os Cabezos de Osas, As Laxiñas, As Xacentes e O Basuril que rompen cuando hay mar gruesa y temporal del noroeste. Entre ellos y la costa hay canales de paso franco que aprovechan los barcos para esquivarlos y evitar el riesgo de ser aconchados por los vientos, las corrientes o las marejadas. Pasada punta Pradeiras, ya en la ría de A Coruña, la amenaza más temible es un gran conjunto rocoso formado por los bajos de O Cabanés, O Pedrido, O Burón y A Pena das Ánimas. Hay que mantenerse siempre alejado, porque ahí revienta la mar, arbolándose. Muchos barcos naufragaron entre sus peñas. Al otro lado está la restinga de O Seixo, y entre Mera y Santa Cruz están los bajos de A Toniña, también llamado O Verde, y A Guisanda. Dentro del puerto, delimitado por la línea de castillos, se encuentra O Gancho, próximo al castillo de San Antón, y enfrente, las peñas que se extendían desde el castillo de San Diego (destruido en 1963) hasta A Palloza: a Laxa de San Diego, Cubertiñas, o Cú do Porco, a Laxa de Monelos…, desaparecidas con los sucesivos rellenos.

Para sortearlas y evitar embarrancar, los navegantes utilizaban marcas que indicaban su situación y permitían trazar líneas de enfilación. Desde época inmemorial se hacía utilizando elementos naturales reconocibles a simple vista: la torre de Hércules, O Seixo Branco, el monte de Mera, los castillos de San Antón y San Diego, el campanario del convento de San Francisco… Pero solo servían de día y cada vez era mayor el número de barcos que entraban de noche.

En 1904 la Comisión de Faros informó a favor de la propuesta de establecer luces de dirección en punta Oza y punta Mera para facilitar la enfilación de entrada al puerto, respectivamente, por los canales del Norte y del Oeste. A pesar de que fueron considerados de gran importancia, debido al incremento de tráfico y siniestros en la bahía, los proyectos de ambos faros, elaborados inicialmente por el ingeniero Salvador López Miño, sufrieron retrasos y modificaciones. El primero en iniciarse fue el faro de Oza, aprobándose en 1908 su ubicación sobre la plataforma de la antigua batería de Oza (donde aún hoy permanece). Su edificio se terminaría en 1915, pero las dificultades provocadas por la Gran Guerra harían que su aparato de luz no se pudiese colocar hasta 1917, siendo encendido el 20 de agosto de ese año. El estudio del de punta Mera se inició en 1911, acordándose en 1914 construir dos torres, separadas entre ellas 300 metros y situadas a diferente altura, para crear la enfilación del canal del Oeste. Se encenderían el 2 de julio de 1918 y desde entonces siguen cumpliendo su misión.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Enfilando la entrada del puerto coruñés