«Mucho mejor sin coches, por fin podrán estar los niños en la calle»

Las peatonalizaciones despiertan filias y fobias en Cuatro Caminos y Os Mallos

Cristina Fernández, en Casa Cuba, desde donde se ven las obras en Puga y Parga
Cristina Fernández, en Casa Cuba, desde donde se ven las obras en Puga y Parga

A Coruña / la voz

La ronda peatonal que cruzará de lado a lado la ciudad -3,5 kilómetros entre el parque de San Diego y el Observatorio- ya está en macha. Irá por tramos, cosiendo en una sola línea las vías sin coches ya existentes -A Gaiteira, Ángel Senra y la calle Barcelona-, y el primero de ellos, Puga y Parga, en Cuatro Caminos, ya está en obras para transformarse un lugar sin coches.

«Pues yo no estoy de acuerdo, para mí diciembre fue un mes muy malo», cuenta María Otero, al frente de una tienda de ropa en la esquina de Puga y Parga con Cuatro Caminos. Se refiere al corte al tráfico de Alcalde Marchesi durante las Navidades. A muchos les gustó, a ella no, y lo cuenta visiblemente enfadada. Un poco más arriba, en Casa Cuba, ven la novedad de otro modo. «Este trocito -cuenta Cristina Fernández sobre el tramo en obras- me parece bien que lo peatonalicen, el resto ya no lo tengo tan claro, porque aquí no hay sitio para aparcar». Con ella está Nieves Espasandín, bastante más crítica. «A ver si limpian la maleza, que está todo lleno de suciedad y se come los árboles», solicita sobre el parque infantil cercano.

Cruzamos Alfonso Molina y llegamos a Mariscal Pardo de Cela. De nuevo, disparidad de opiniones. «Pues me parece muy mal porque nos quitan sitio y porque aquí está uno de los aparcamientos más caros de la ciudad», cuenta la propietaria de un negocio en esa vía que prefiere que no se publique su nombre y que considera que bastaría con adecentar las aceras que, se nota, llevan años sin atenciones.

Rafale Varela, propietario del Chaflán, en la plaza de Monforte, al lado de Mariscal Pardo de Cela
Rafale Varela, propietario del Chaflán, en la plaza de Monforte, al lado de Mariscal Pardo de Cela

Algo más arriba, ya en el cruce con Oidor Gregorio Tovar -sobre la que también está previsto actuar- el propietario del Chaflán, Rafael Varela, tiene otra opinión. «Para nosotros es genial, por nuestros clientes, por fin podrán estar los niños en la calle con tranquilidad», apunta, y se anima a pedir que, de paso, se haga lo mismo con el pequeño tramo de Antonio Viñes que desemboca junto a su local y para el que quedaría un paso para los coches alternativo por la paralela.

Puga y Parga está en obras y Mariscal Pardo de Cela lo estará en unos meses. Ya hay proyecto y quedará en plataforma única, con una docena de árboles y nuevo mobiliario. Esa línea se unirá por un lado con Alcalde Marchesi y, a través de esta, con A Gaiteira y el parque de San Diego.

El otro tramo ascenderá por Os Mallos y cruzará la Sagrada Familia hasta llegar al Observatorio en un recorrido más seguro y libre, en gran parte, de coches.

En Ramón Cabanillas piden árboles, pero recuerdan que no hay aparcamiento

Con cierta frialdad reciben en Ramón Cabanillas la noticia de que allí, en el tramo más cercano a la avenida de Arteixo, se avecina peatonalización. El contrato para esa actuación ya está firmado y en teoría las obras acabarán en un plazo máximo de tres meses. Aún no empezaron, pero lo harán en los próximos días. «Pues ni me va ni me viene, supongo que quedará más bonito, y lo que sea poner A Coruña más bonita, bien hecho está», cuenta Alicia Fernández Calza, al frente de una panadería en el mercado municipal situado en esa calle, pegado al tramo que quedará libre de coches.

Alicia Fernández Calza tiene una tienda de ultramarinos en el mercado municipal de Ramón Cabanillas
Alicia Fernández Calza tiene una tienda de ultramarinos en el mercado municipal de Ramón Cabanillas

Entre sus grandes preocupaciones está que se elimine la zona de carga y descarga, pero no es previsible que el Ayuntamiento impida, en horario de mañana, el acceso a los vehículos que surten el mercado. «Es cierto que se necesitan árboles para respirar», cuenta Fernández.

Fuera, la calle que muere junto al muro de la avenida de Arteixo -desnivel salvado por un ascensor- parece más un aparcamiento anárquico que una vía pública. Hay coches por todas partes, no caben más. «Por mí que los quiten todos, que esto da pena verlo», cuenta otro vecino que vive en ese lugar y que sale de su casa sorteando vehículos al poner un pie en la calle.

El camino peatonal seguirá creciendo desde allí hasta la calle Barcelona. Cuando se sacaron los coches de esta última, en los noventa, también hubo protestas. Hoy nadie allí los quiere ver de vuelta.

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