«Lo último que me dijo mi hermano fue que, si aprobaba, me invitaba a visitarlo a Filipinas»

Bruno Bello, hermano del joven coruñés muerto en el país asiático a manos de la policía, niega que tuviera cualquier vínculo con la droga, y pide a las autoridades de aquel país «humanidad y caridad cristiana» para que les entreguen su cuerpo


A Coruña

A Bruno Bello Lafuente (A Coruña, 1992) fue a quien primero llamaron el martes de la semana pasada para comunicarle que su hermano mayor había muerto a manos de la policía filipina. Fue él quien tuvo que sentarse frente a sus padres y decirles lo último que un ser humano quiere escuchar, que a su hijo lo asesinaron. Diego Bello, el joven empresario coruñés asesinado, fue siempre un referente para Bruno, su único hermano y 5 años menor que él. Era su orgullo. Desde pequeño, veía en él un espejo, la persona al que había que imitar. «Era un líder allí donde estaba, con un enorme carisma, tremendamente trabajador, deportista, una mente inquieta y de enorme generosidad. Una persona perfecta», dice alguien que, junto a su tío Francisco Lafuente, saca fuerzas de no se sabe dónde para hablar con unos y con otros y conseguir que el cuerpo llegue a España cuanto antes, que se investigue su muerte y que todo el mundo tenga claro que su hermano jamás tocó la droga.

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«Lo último que me dijo mi hermano fue que, si aprobaba, me invitaba a visitarlo a Filipinas»