El asalto a los árboles como medio de vida

José Manuel Miranda se recicló en el mundo de la jardinería tras ser víctima del estallido de la construcción. Hoy regenta una empresa de poda en altura muy reclamada entre los vecinos del área metropolitana de A Coruña


A Coruña

La vida implica algunas necesidades tan básicas que convierten a su sector económico correspondiente en resistente a toda crisis. Pensemos en el sector funerario. Todo el mundo, tarde o temprano, muere. O en una fábrica de papel higiénico. Todo el mundo… eso. Pues la misma máxima aplicó José Manuel Miranda Varela, de 33 años, cuando un día el sector de la construcción (todo el mundo necesita una vivienda, pero en este país ya hay millones vacías) se vino abajo. Comenzó a trabajar a los 18 años para especializarse en la colocación de fachadas ventiladas. Se agarró como una lapa mientras veía a otros caer. Pero al final a él también le empujó la brutal crisis del ladrillo. «Fui de los últimos en aguantar, me fui al paro en el 2013», explica.

Pero entonces José Manuel se refundó a sí mismo observando algo que ninguna crisis podría llevarse por delante. Atención a su leitmotiv: «A herba sempre medra». Así que montó una empresa de jardinería a la que bautizó con su primer apellido, como si fuese su tercer hijo. De este modo solicitó capitalizar todos los ingresos juntos del paro. «Empecé con un cortacésped pequeño, una máquina de mano, y todo lo que iba ganando con los primeros servicios lo fui invirtiendo en la empresa», señala el propietario de Jardines Miranda, con sede en Bergondo.

¿Cómo acierta un hombre especializado en fachadas ventiladas en un nuevo mundo laboral como la jardinería y la poda? «Fue clave rodearme de gente válida, expertos, personas que saben mucho de este mundo», indica. Y, como si de una metáfora se tratase, la empresa ha ido ganando altura a medida que sus servicios se alejaban más del suelo. Por eso hoy, Jardines Miranda, además de los convencionales servicios de arreglos de jardín, se ofrece al público como poda en altura. Este tipo de trabajos eran un nicho apenas explotado en A Coruña y su área metropolitana. «Para abrirme al mercado tuve que hacer lo malo que nadie quería, podar pinos de 40 metros, como los últimos que podé en el 2019, o a veces incluso más altos», señala. Para ello, él y su equipo contratado preparan un dispositivo de poleas después de observar y estudiar con antelación el árbol «a atacar» con la selección de las ramas que serán sacrificadas. Después el corte se va corrigiendo sobre la marcha. «Siempre trabajamos uno arriba y dos abajo, que vamos dando las instrucciones», señala José Manuel.

Cuando la meteorología atraviesa la comarca de forma abrupta se multiplican las llamadas a estos especialistas. Muchos grandes árboles amenazan entonces las casas vecinas apareciendo un día con la inclinación de la torre de Pisa. Y toca podar. «Hacemos desbroces de monte, cortafuegos… seguimos comprobando que mucha gente, no precisamente nuestros clientes, no es consciente del peligro que supone dejar los montes sin limpiar, debería haber más campañas de concienciación, luego se lamentan los trágicos fuegos».

Ojo con las velutinas

Con un ejercicio como la poda en altura podría pensarse que las caídas son el mayor riesgo de esta profesión, pero el dueño de Jardines Miranda niega la mayor. El riesgo es otro. «Las velutinas», espeta José Manuel. «Algún picotazo ya nos hemos llevado, y sobre todo por nidos que están a ras de suelo, difíciles de ver».

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