La lista Forbes nos tanga

El castañero de la calle Real siempre será para nosotros el hombre más rico de la ciudad


Lo más divertido de la lista Forbes, como pasa con todas las listas, es precisamente lo que no sale en la lista Forbes. Con el recuento de ricos de Forbes sucede lo mismo que con la declaración de bienes que cumplimentan los diputados cada vez que hay elecciones (o sea, cada seis meses): sospechamos que lo más interesante es justo lo que no consta en las casillas del inventario oficial de euros de sus señorías.

En A Coruña, sin ir más lejos, tenemos claro que la lista Forbes nos tanga. No nos salen las cuentas cuando repetimos de memoria los nombres de la gente con más pasta de la ciudad. Sabemos que la lista Forbes es un amaño que confeccionan una pandilla de contables amodorrados con la calculadora atornillada al pecho, como si fuese un cinturón de explosivos a punto de reventar de tanto sumar billones y billonarios (lo de millonario ya no se estila, un millón apenas da prestigio en estos tiempos elefantiásicos). Los contables están bien para cuadrar los balances, pero es mejor no dejar en sus manos las cosas importantes porque suelen confundir la realidad con una tabla de Excel. A unos contables les puedes confiar la cámara acorazada del Bundesbank, pero no se te ocurra entregarles las ecuaciones de la Teoría de la Relatividad General porque para eso se requiere mucha imaginación y no solo hacer palotes en los cuadernos Rubio del Ministerio de Hacienda.

Aquí, cuando toca, abrimos la revista Forbes y la hojeamos con pereza en el bar de la esquina. Repasamos el ránking de acaudalados con la misma elegante desgana que digerimos los pronósticos de la quiniela o los posibles fichajes del Dépor para la próxima temporada. Un mero entretenimiento mientras damos cuenta de la auténtica razón que nos ha llevado al bar de la esquina, que es la tapa de oreja y la Estrella emergida del fondo del frigorífico, y no la variada hemeroteca que pone a nuestro servicio la cofradía de los santos hosteleros.

Porque en A Coruña ya sabemos que los amanuenses de Forbes nos van a ocultar, una vez más, uno de los secretos mejor guardados de la economía occidental. En el escalafón del patrimonio universal no aparecerá nunca este mito nuestro. No posee un imperio bursátil. Ni siquiera es el CEO de una start up de nanotecnología. Es un emprendedor, pero de los años sesenta, y por eso no sale en los suplementos de color salmón. Si hubiese empezado hoy a ejercer supongo que en su perfil de Linkedin pondría que es un road manager de lo suyo o incluso un retail assistant. Qué más da. Diga lo que diga Forbes, nada podrá con la leyenda urbana de Sergio Gallego. Porque el castañero de la calle Real siempre será para nosotros el hombre más rico de la ciudad.

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