La familia ucraniana que vive en una cáscara de nuez

¿Es razonable cruzar el océano hasta Costa Rica en un barco averiado y con tres pequeños a bordo?

BARCO VELERO DE UNA FAMILIA UCRANIANA QUE LLEVA VIVIENDO EN MARINA CORUÑA 4 MESES.
BARCO VELERO DE UNA FAMILIA UCRANIANA QUE LLEVA VIVIENDO EN MARINA CORUÑA 4 MESES.

A Coruña

Grandes gestas y desafíos insólitos se han gestado en el puerto coruñés, diría casi que desde el Pleistoceno. De aquí partió y regresó trasquilada (una parte) la Armada Invencible, también la expedición Balmis, con niños que llevaron la vacuna de la viruela a ultramar en sus cuerpecitos. Y si hablamos de retos imposibles, desde nuestro puerto zarpaba en 1525 el marino Esteban Gómez buscando un paso hacia el Pacífico por América del Norte que por supuesto no encontró. Y unos meses después lo hacía una expedición de siete navíos que trataba de reeditar la hazaña de Magallanes y cruzar el cabo de Hornos. Iba como piloto un ilustre: Juan Sebastián Elcano, que tres años antes había completado la vuelta al mundo iniciada por Magallanes.

Pocas cosas deberían sorprendernos ya en Coruña sobre asuntos marítimos heroicos, y sin embargo, admito que estoy perplejo desde que esta semana conocimos en La Voz el caso de la familia ucraniana que vive en Marina Coruña, en un pequeño yate que entró a puerto hace unos meses, remolcado y con el motor fundido. Y ahí sigue, averiado. Olga y Dmytro, que así se llaman los padres, tenían dos hijas de dos y cuatro años hasta que hace un par de semanas nació la tercera. Olga la tuvo a bordo, después de un parto de cinco horas y asistida por el propio Dmytro, tal y como nos contaron los periodistas Beatriz Franco y Eduardo Eiroa.

Pero no es esa situación familiar lo que más me preocupa. De hecho, no me gustaría juzgar sin conocer los detalles a una pareja que tomó la decisión de dejar su patria y hacerse a la mar huyendo de la guerra civil ucraniana y de la violenta situación de su país; una pareja que eligió montar su vida y una familia en alta mar, como robinsones, y que por una pirueta del destino recaló en los pantalanes del dique de abrigo. Servicios Sociales está pendiente de ellos... No, no me gustaría juzgar.

Lo que de verdad me causa zozobra es el futuro, si el objetivo de la pareja, lejos de navegar dibujando el contorno de Francia o de España, sigue siendo llegar a Costa Rica cruzando el Atlántico entre olas como montañas y aviesas galernas en un cascarón de nuez con un motor achacoso y tres criaturas a bordo. Eso sí que me pone los pelos de punta. Y entonces me acuerdo del egregio Elcano, que sabía muy bien lo que le esperaba mar adentro porque había visto morir a Magallanes y a otros muchos marinos en la expedición anterior, cuando circunvalaban juntos la Tierra. Antes de partir del puerto coruñés un 24 de julio, víspera de Santiago Apóstol, al que se había encomendado, pidió a los franciscanos que rezaran un padrenuestro por él cada día hasta que volviese. Nunca regresó.

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