La provincia suma este año casi 2.000 denuncias por violencia machista

En los 93 municipios funcionan 29 centros de información y tres casas de acogida


A Coruña / La Voz

Desde las seis de la tarde se iluminará este lunes la fachada de la Delegación del Gobierno en A Coruña y esta semana se entregarán en Santiago los premios Meninas a las entidades que luchan contra la violencia de género. Son actos para visibilizar un problema que hoy tiene dedicado su día internacional y en el que, pese a existir muchos más recursos que años atrás, queda mucho por hacer.

Solo en lo que va de año -hasta el 30 de octubre- en la provincia de A Coruña se han presentado en los juzgados 1.925 denuncias por ese motivo. En el último decenio suman 22.242. Una cifras difíciles de asimilar.

En la provincia existen hoy 29 centros de información a la mujer (CIM), entidades que ayudan y asesoran. Se mantienen muchas veces con fondos municipales, aunque también reciben fondos de la Xunta, del Estado y de la Diputación.

El CIM de A Coruña, por ejemplo, funciona con fondos del Ayuntamiento y apoyos de la Diputación, la Xunta y el Estado. Ese centro atendió en doce meses a casi 700 mujeres por violencia machista.

Los CIM son esenciales para poder canalizar los recursos existentes de las distintas Administraciones. En Galicia, además de la ley estatal, rige una normativa propia desarrollada durante el bipartito. Entre otras cosas se ofrece el llamado «salario da liberdade», una prestación que permite a las mujeres poder buscarse un hogar cuando son víctimas de violencia.

Cuando no hay alternativas, en la provincia existen tres casas de acogida, una en A Coruña (53 personas este año, 23 de ellas menores), otra en Culleredo y una más en Ferrol. En A Coruña, además, hay dos pisos de transición para que las víctimas puedan prepararse durante un tiempo para retomar sus vidas.

Hay muchos más planes en distintos ámbitos. La Xunta, por ejemplo, tiene el Emega para facilitar la inserción laboral. También existen sistemas telefónicos de seguridad y muchos programas educativos. La Diputación, por ejemplo, llegó a 110 centros educativos en los últimos cinco años, y el Ayuntamiento de A Coruña ha impartido formación también a miles de niños. Son campañas y recursos todavía insuficientes para combatir una violencia que tiene mil caras y que sigue muy presente en muchos ámbitos de la sociedad.

Betty Rico (CIM A Coruña): «Muchas mujeres no denuncian porque se sienten culpables por romper la familia»

Betty Rico, como los responsables de Igualdade de A Coruña, esun libro abierto cuando se pone a hablar de la materia. Los servicios municipales llevan desde los 90 trabajando la violencia de género y han dedicado cuerpo y alma a apoyar a miles de mujeres. En el CIM, relata, se trabaja en todos los ámbitos, desde la atención psicológica a la legal, pasando por la búsqueda de ayudas, que las hay, y la inserción laboral. Si no llega, está la casa de acogida, que también coordina Rico, y después los dos pisos de transición para reinsertarse en la vida normal. Todo ello mantenido esencialmente con fondos municipales, aunque también con alguna ayuda de Xunta y Estado y, sobre todo de la Diputación.

«Los medios que hay son básicos, no son suficientes porque atendemos a gente de A Coruña pero también de toda su área, porque hay muy pocos CIM en el entorno», relata.

El CIM coruñés cumplió diez años este mes y aunque se ha avanzado mucho, quedan cosas pendientes. «Se sigue notando la falta de atención especializada en el ámbito jurídico en menores», dice, recordando que estos también son víctimas y que la legislación todavía no está adaptada a esa realidad. «Los menores son muchas veces herramientas para seguir maltratando a las madres», cuenta, y apunta que muchas mujeres no acuden a los juzgados «porque se sienten culpables por romper la familia». Insiste Rico en que la violencia tiene muchas caras, y que la psicológica también lo es, y recuerda que no toda la violencia de género ocurre en el ámbito familiar. La hay en muchos ámbitos y en todos hay que combatirla.

Ana Saavedra (Mirabal): «Aún se oye mucho eso de ‘algo haría para que le pegaran’»

Desde Betanzos presta ayuda a 17 ayuntamientos de su entorno. Solo la semana pasada entraron por su puerta siete mujeres a pedir ayuda. Ana Saavedra preside la asociación Mirabal, que lleva una década en marcha y que cada año presta atención a 110 víctimas. «Nosotras acompañamos a denunciar, al juicio rápido, y asesoramos en todo lo que hay detrás de una denuncia», dice. Y es mucho lo que hay detrás, relata, porque muchas mujeres no tienen recursos ni saben cómo tramitar ayudas. La situación, cuenta, no ha mejorado.

«Todo lo que anduvimos parece que lo desandamos», cuenta, y relata los problemas de sexting, ciberacoso y otras modalidades de violencia que afectan a las más jóvenes. «Hay chicas que no pueden salir de su círculo de maltrato por miedo», apunta. Hay recursos, dice, pero sin información, no llegan en un mundo en el que todavía queda mucho por hacer: «Aún se oye mucho eso de ‘algo haría para que le pegaran’», relata Saavedra, víctima ella misma en su día.

Paloma Rodríguez (Alvixe): «Hay muchos pequeños machismos entre la gente joven»

La asociación que preside tiene sede en Ferrol pero vocación de prestar servicio a nivel gallego. Paloma Rodríguez está al frente de Alvixe, entidad nacida en el 2016 organizada por mujeres que padecieron violencia machista. «Funcionamos sobre todo en la prevención y la divulgación, con mucho trabajo de formación», indica, y apunta que también atienden a quienes padecen esa lacra, acompañando y haciendo seguimiento del duro proceso que arranca cuando una mujer llega a la entidad.

Cree que en los últimos años se ha trabajado en el buen camino. «La situación no ha empeorado, ahora se visibiliza más el problema porque se denuncia más», dice. Que se esté trabajando bien no significa para nada que llegue: «Todo hay que intensificarlo», apunta, y recuerda que «la violencia de género es la manifestación más cruel de la desigualdad en la que vivimos», base sobre la que hay que actuar. A los jóvenes los ve más concienciados, «pero hay muchos pequeños machismos entre la gente joven, como el control del móvil o de la ropa». Por eso hay que formar y educar. «Nada es suficiente cuando no hemos atajado el problema», dice.

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