Ponte do Porco, un remanso de paz

cristóbal ramírez

A CORUÑA

cristóbal ramírez

La zona, por la que pasa el Camino Inglés, tiene numerosos enclaves que merece la pena visitar

02 nov 2019 . Actualizado a las 10:29 h.

Lleva ahí más de medio milenio, humilde, medio escondido. Sintió como por él pasaban decenas de miles de peregrinos desde que Fernán Pérez de Andrade lo mandó construir para que aquellos que encaminaban sus pasos a Compostela pudieran salvar el río Lambre a su paso por Miño sin meterse en el agua, cosa no siempre placentera. Luego, conmemorando la llegada de Isabel II a Ferrol, se levantó la obra mucho más ostentosa que todavía hoy presta un discreto servicio: el nuevo Ponte do Porco.

Lo del «porco» tiene su conocida explicación: los Andrade adoptaron como símbolo de su casa un oso y un jabalí, un porco bravo. Y la pequeña localidad que se levantó allí se conoce desde tiempos inmemoriales así, Ponte do Porco. Y de hecho, en noviembre de 1978 la Real Academia de Bellas Artes decidía que en esas casas, ante la desembocadura del río, se emplazase allí un sencillo (y por cierto precioso) monumento que recordase la obra benefactora del mencionado noble. Y ahí se alza, en medio de un jardín que invita a la foto.

Además, si la marea está muy baja, la aventura es llegarse hasta lo que queda del Juan de la Mata, un barco que en su día tenía base en Mugardos y que fue embarrancado para que quedase para siempre en esos pagos. Poco queda, pero quien se atreva tiene también la foto asegurada.

Ponte do Porco es un remanso de paz que invita a pasar bajo la autopista, y por una carretera estrecha llegarse en una docena de minutos hasta el puente medieval, 1.300 metros los separan. Hoy en día hay colocados allí mojones que indican que eso es Camino de Santiago, el Inglés. Un tramo original que en otros tiempos conducía a una obra magnífica del arte románico: la iglesia de San Pantaleón das Viñas.

El tramo entre ambas obras se caracteriza por una gran pendiente y por una gran paz. Tranquilidad absoluta, pequeñas viviendas, silencio. Y todo cuesta arriba. De hecho, ya ha habido grupos de ciclistas que han hecho ese corto tramo como un desafío, una competición.

El itinerario -jalonado aquí y allá por castaños- no ofrece dificultad alguna en lo que se refiere a la orientación gracias a la señalización jacobea. Y cuando el caminante -o el ciclista- alcanza el marco que indica que a Compostela faltan casi 72 kilómetros, deja el Camino de Santiago y tira a la derecha. Andando despacio, en familia, desde el puente hay que disponer de un máximo de 20 minutos para plantarse ante la iglesia y el pazo de Montecelo, ahora increíblemente excluidos de la ruta jacobea. Por cierto, muy buena vista de la ría de Betanzos desde el siguiente cruce.

LA AVENTURA

Ir caminando en marea baja hasta el Juan de la Mata

LA FOTO MÁS PERSONAL

En Ponte do Porco, ante el monumento a Fernán Pérez de Andrade

EL DESAFÍO

Subir en bicicleta desde el puente gótico hasta San Pantaleón das Viñas