Cada año ingresan el Chuac más de 800 personas a causa de un ictus

Los neurólogos hacen campaña para que la población reconozca los síntomas


A CORUÑA / LA VOZ

Cada año, más de 800 personas del área sanitaria coruñesa necesitan ser ingresadas en el Chuac por sufrir un ictus, segunda causa de mortalidad global, primera en las mujeres, y el principal origen de discapacidad permanente en el adulto. Sin embargo, son más los que se ven afectados por una auténtica emergencia médica, ya que se trata de un episodio que altera la circulación sanguínea el cerebro y, por tanto, el funcionamiento de todo el cuerpo. En función del alcance de ese accidente cerebro-vascular, hay un grupo de pacientes que no necesitan ser hospitalizados en la Unidade de Ictus, aunque sí ser tratados en Urgencias bajo seguimiento de los neurólogos.

Coincidiendo con la conmemoración del Día del Ictus, el hospital instaló ayer una mesa en su vestíbulo principal para tratar de expandir entre familiares, pacientes y personal las claves para identificar un mal que siempre aparece de forma brusca e inesperada, puede comprometer la vida, y del que, sin embargo, todavía son muchos los que desconocen sus síntomas.

La mayor parte de los casos, el 85 %, lo que sucede es que un trombo obtura la circulación, es decir, tapona un vaso y provoca lo que se llama un infarto cerebral: la sangre no llega a una o varias zonas del cerebro y, si se tarda mucho en restablecer el riego sanguíneo, puede quedar una lesión permanente. A otro 15 % de los afectados lo que les pasa es que rompe un vaso, es decir, tienen una hemorragia cerebral.

En ambos casos, el tiempo es cerebro es uno de los lemas empleados para hacer saltar todas las alarmas si, de repente, alguien pierde la fuerza en un lado del cuerpo, ya sea en el brazo, la pierna o la cara, si nota que no tiene la misma sensibilidad, no puede entender lo que le dicen o no le salen las palabras con normalidad. Puede, además, que pierda parte del campo visual o la vista en un solo ojo, e incluso que camine mal, como si hubiese bebido más de la cuenta. Si es así, hay que llamar, sin esperar, al 061 para poner en marcha el código ictus y correr hacia el hospital.

LAS TRES «F»

Signos de alarma.  Las tres «f» que pueden hacer sospechar que alguien está sufriendo un ictus son «forza», «fala» e «faciana». Si pierde la fuerza en un lado del cuerpo y no puede levantar los brazos a la misma altura más de 10 segundos, si no entiende lo que le dicen o tiene dificultad para articular palabras simples, o si al sonreír no muestra todos los dientes, hay que llamar al 061.

4,5 horas 

Ventana para el tratamiento. Algunas terapias son efectivas más tarde, pero cuanto antes se acuda al hospital mejor. Habrá menos secuelas.

«Hay pacientes que nos llegan demasiado tarde»

Mar Castellano, jefa de Neurología del Chuac, tomó ayer la presión arterial a quienes se acercaron al puesto del Día del Ictus.

-¿Por qué un Día del Ictus?

-Porque todavía hay pacientes que nos llegan demasiado tarde. Se encuentran mal, pero esperan mejorar y cuando vienen ya ha pasado demasiado tiempo. Mucha gente todavía desconoce los síntomas y la importancia de recibir tratamiento cuanto antes para que el paciente salga adelante y con las mínimas secuelas.

-¿En qué plazo?

-Los tratamientos van mejorando. El más estandarizado es para el ictus isquémico, el infarto cerebral. Hasta hace no tanto, los fármacos fibrinolíticos había que ponerlos en las primeras 4,5 horas desde los primeros síntomas. Ahora se va ampliando. En algunos casos, no todos, si no se disuelve el coágulo tenemos hasta 24 horas para extraerlo con un catéter, de forma endovascular. Lo importante es venir rápido. El que se trata en tres horas tiene más posibilidades de ir mejor, y con menos secuelas, que el que se trate en seis.

-¿Qué factores se pueden controlar para evitar un ictus?

-Muy importante no tener alta la tensión arterial, sobre todo para evitar hemorragias cerebrales para las que no hay una terapia efectiva más que el control en una unidad de ictus para que no vaya a más. Además hay que controlar otros factores de riesgo para el ictus en general, como el colesterol, la diabetes y también evitar el tabaco, el alcohol, las drogas y el sedentarismo.

«Para mí, volver a andar es magia»

R. D. Seoane

Un ictus le dejó un daño cerebral que no la arredra. Con mucho esfuerzo, ha vuelto a recuperar parte de su autonomía personal

«A mí hay que matarme», bromea María Teresa Valero Mato sobre su capacidad de salir a flote. Todo empezó con «un dolor insoportable de cabeza». «Mi casa era el caos, como mi vida», cuenta, y su ritmo, frenético: el trabajo, las oposiciones, la casa, los hijos... «Noté que algo iba mal, me faltaba el aire». Fue al médico. Después al hospital. «Un calmante en vena y para casa; al día siguiente ya no hablaba», resume. El tac reveló un aneurisma «y al final me dieron tres infartos cerebrales y cogí meningitis». Eso fue en junio del 2011, iba a cumplir 51 años y sus niñas, Ester y Carlota, tenían 9 y 16. Y todo se paró.

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