Rey se distancia de la Marea ante sus críticas: «Que digan lo que quieran»

El futuro de la planta de reciclaje de Nostián enfrenta al PSOE con sus socios y el PP


A Coruña

El nuevo gobierno del PSOE levantó durante el verano una arquitectura de alianzas y cooperación que se tradujo en los pactos políticos firmados con la Marea y el BNG, y en la reapertura de un diálogo fluido con la Xunta. Esa estructura está sufriendo sacudidas esta semana, en medio de las críticas a los presupuestos de la Xunta, y los roces con el BNG y la Marea. La propia alcaldesa, Inés Rey, se mostró ayer hastiada de las críticas del partido que la precedió en el gobierno: «Que digan lo que quieran», contestó.

Los acuerdos clave

Pactos y cooperación. La tónica de esta semana contrasta con lo que estaba siendo el «mandato de la amabilidad», como lo bautizó la alcaldesa, Inés Rey, que dio ejemplo de la vocación negociadora del ejecutivo socialista al mantener una reunión con Alberto Núñez Feijoo, presidente de la Xunta, que descongeló las relaciones María Pita-San Caetano.

En el Ayuntamiento, el peso de los contactos con los grupos fue asumido por el portavoz socialista, José Manuel Lage, que se centró en los acuerdos con el BNG y la Marea y en cultivar una relación cordial con Ciudadanos.

Los objetivos

Estilo y sustancia. La política de cooperación persigue dos objetivos principales a corto plazo. Por un lado, se trata de marcar un estilo político distinto al del anterior gobierno de la Marea Atlántica, cuya gestión estuvo marcada por el enfrentamiento con la oposición, el Puerto, algunos sectores empresariales, la Xunta, el Gobierno central y diversas entidades y asociaciones. Como hizo Zapatero tras los mandatos de Aznar, el nuevo ejecutivo socialista ha evitado la «crispación».

Por otro lado, la vocación negociadora debe traducirse en beneficios tangibles. Los acuerdos con Marea y BNG serían la antesala para aprobar los presupuestos locales. Mientras que el diálogo con la Xunta debe desatascar proyectos concretos, como la intermodal o el centro de Santa Lucía, que llevan años paralizados y marcaron con el estigma de la inoperancia el anterior gobierno local de la Marea Atlántica.

Las primeras grietas

Las cuentas de la Xunta. Aunque incluyen más inversiones que los de años anteriores, los presupuestos del Gobierno gallego provocaron críticas del ejecutivo local. Los socialistas, por boca de José Manuel Lage, manifestaron que son «exiguos» y reclamaron más compromiso a la Administración gallega. Esas críticas, sumadas a las del BNG y la Marea, provocaron una airada reacción de los populares, que las consideran injustificadas y el martes acusaron a los tres partidos de padecer «una rabieta».

La maniobra Marea-BNG. Esas críticas enfriaron la relación con la Xunta del PP, pero no mejoraron las relaciones con el Bloque y la Marea. De hecho, sin que los socialistas lo supiesen, los dos partidos acordaron convocar un pleno extraordinario para debatir las reclamaciones que el Ayuntamiento presentará a los presupuestos del Gobierno gallego.

El pleno puede ser problemático para el gobierno socialista, que no puede quedarse atrás en el frente reivindicativo que forman Marea y BNG, pero que se arriesga a romper los puentes que había tendido con la Xunta durante los meses de verano.

El conflicto por Nostián

El deterioro PSOE-Marea. Ayer la tensión subió un grado más. La comisión de Medio Ambiente, en la que se analizó el futuro de la planta de Nostián, se convirtió, según lo definió su presidente, el popular Roberto Rodríguez, en «un partido de tenis» entre el Partido Socialista y la Marea.

Al terminar, la anterior titular de Medio Ambiente y actual portavoz de la Marea, María García, pidió a la alcaldesa que deje de «inventar excusas» y aseguró que habían dejado los pliegos para licitar el millonario contrato de gestión de la planta casi listos.

Rey reiteró que lo que único que había era unos «borradores incompletos con los que no se podía ir a ningún sitio». La alcaldesa especificó que contenían errores como plazos distintos de concesión o que carecían de plan de viabilidad. Anunció que la planta seguirá trabajando con normalidad, ya que el contrato vigente obliga a la concesionaria a seguir prestando el servicio y, ante las críticas de la Marea, insistió: «Pueden decir lo que quieran, yo les digo la realidad».

La postura del PP. Menos seguro se mostró Roberto Rodríguez, que alertó de que el gobierno local «no sabe en qué condiciones va a seguir prestando el servicio», ni cuando se va a licitar el nuevo contrato. También recordó que no se ha activado el plan de choque de limpieza prometido por el PSOE, ni cuando se adjudicarán los contratos de limpieza viaria y recogida de basuras.

El Partido Popular vio ayer reforzada su política en Nostián a raíz de una sentencia del TSXG que corrobora que no existía desequilibrio económico de 3,3 millones en la planta. La decisión de no reconocer esa reclamación fue tomada en el 2015 por la entonces teniente de alcalde de Economía, Rosa Gallego.

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