Los restauradores descubren policromía en el monasterio de Sobrado

La compañía encargada ha eliminado elementos junto a las torres para hacerlas más esbeltas. El cimborrio es una masa de mortero desde 1956


El monasterio de Santa María de Sobrado dos Monxes ha comenzado a descubrir su piel primigenia. Bajo la dirección del arquitecto José Ignacio López de Rego, él y su equipo contratado por la Consellería de Cultura, Educación y Ordenación Universitaria de la Xunta, han puesto patas arriba este templo cisterciense del camino xacobeo. Su trabajo, aún inconcluso, así como sus hallazgos, son tan interesantes que no se han podido resistir a compartirlos con todos los que aman el arte, la arquitectura y este monasterio en particular.

Así, tras una introducción histórica del edificio realizada por la joven arquitecta Cristina Canto, el director del proyecto, José Ignacio López de Rego, desentrañó los pormenores de los trabajos, como la utilización de cámaras termográficas para descubrir la entrada del agua en la iglesia. Los expertos elaboraron un catálogo previo de especies vegetales residentes en estas piedras centenarias «para afrontar de forma particular cada una de ellas sin dañar al monumento». En el interior de la iglesia el equipo se encontró con un grave problema estructural en la renovación del aire. Todos los visitantes así lo comprobaban por su propia respiración, además de observar numerosos muros tiznados de verde. Entre las soluciones, la linterna que corona el espacio se hace más abierta a la entrada del aire y en la puerta principal se abre una más pequeña, de uso más convencional que ayudará a paliar la humedad del interior.

En la exposición de su trabajo, José Ignacio López de Rego mostró fotografías de la fachada y su entorno con zonas totalmente invadidas por matorrales. «Hemos procurado siempre, en su retirada, que el granito no se alterase», indicó, al mismo tiempo que descubría a los presentes en la Sala Capitular del monasterio, que lo que se pensó ser cornisas eran realmente balcones, como muestran los cajeados en piedra. Tras la intervención del equipo de restauración, se ha colocado en este suelo una lámina de plomo para repeler la amenazante invasión vegetal.

Uno de los descubrimientos más significativos es la policromía descubierta en muchos elementos exteriores y del interior, como en el frontal de piedra de la capilla del Rosario. «No se puede decir que se abusara del policromado pero sí lo había en muchas zonas, también en la fachada», aseguró López de Rego. Llamó la atención también sobre la construcción de la cúpula del cimborrio. Lo que a simple vista puede parecer una sucesión de piedras talladas y colocadas para la formación de esta, se trata de un mortero de cemento que simula lo que pensamos que es y que la empresa encargada de la restauración ha decidido dejar. «Es obra de Pons Sorolla, quien afrontó las obras de restauración del monasterio en 1956, su abuso del hormigón ha traído problemas posteriores», explicó en su introducción Cristina Canto.

Por último, en la primera fase se ha eliminado un montículo intermedio entre las dos torres, lo que consigue dar un efecto de mayor esbeltez y altura. «Es como estar más cerca de Dios», concluye López de Rego. Con él trabajan Luis Villar (director de ejecución de obras), María Dolores Lago y María Isabel Vázquez (dirección de restauración), Celso Rodríguez Cao (dirección de arqueología), Marcos Filgueiras (gestión medioambiental), David Castiñeira (delineación), Adolfo de Abel (historiador), y Julio Rodríguez (estructuras), entre otros.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Los restauradores descubren policromía en el monasterio de Sobrado