La ciudad tiene cerca de 20.000 ratas en el subsuelo y en fincas abandonadas

Con 1.600 cebos repartidos por las calles, es una de las capitales españolas con menos censo de estos roedores


a coruña / la voz

Unas 20.000 ratas andan a sus anchas bajo nuestros pies, en descampados o en casas abandonadas. El número, aunque asusta, está dentro de lo normal. Incluso es bajo si se compara con el resto de las grandes capitales de provincia de España. Si en A Coruña se estima que puede haber 0,09 ratas por habitante, en Barcelona la cifra supera las 1,3. Y mucho peor si hablamos de París, donde por cada ciudadano hay más de dos roedores.

Aquí el censo está controlado porque una empresa tiene la ciudad llena de cebos. Concretamente, 6.300; la inmensa mayoría colocados en el alcantarillado. Control de plagas Andrade es la concesionaria y la que se encarga de colocarlos, controlarlos y mantenerlos, aparte de acudir a donde los llamen. Las primeras preguntas son obvias. ¿Por qué se están produciendo tantos avistamientos en la ciudad en las últimas semanas? ¿Por qué cada día se produce una llamada desde algún barrio alertando de la presencia de estos animales? La respuesta es sencilla y la da quien se dedica a su exterminio. Adrián Andrade explica que «en esta época del año, las ratas buscan un lugar en el que pasar el invierno. Tras los meses de calor, estudian los sitios o zonas donde hacer sus madrigueras, lejos del frío. Y estamos en el mes en que se dedican a eso, por eso se ven más por la calle. No solo eso. También buscan comida».

Uno de los lugares preferidos por estos animales es el parque de Eirís, en los alrededores del estanque, «de ahí que trabajemos tanto en esa zona», cuenta Adrián Andrade. En invierno, añade, escogen las rocas para anidar bajo ellas.

Por zonas, según las llamadas recogidas en el 010, los mayores números de avistamientos se dan en el Agra do Orzán, Santa Margarita y barrio de las Flores. Es ahí donde se emplean la mayoría de los 1.300 kilos de cebo que se usan en la desratización de la ciudad. El veneno se intenta repartir cada 50 metros en la red de saneamiento.

La empresa concesionaria que se ocupa del control de roedores no solo instala cebos o trampas en el alcantarillado o en zonas ajardinadas; sino que también acuden allí donde los llaman. Cuando un vecino se pone en contacto con el Ayuntamiento para denunciar la aparición de un roedor, las autoridades municipales se ponen en contacto con control de plagas Andrade. «Lo primero que hacemos es acudir al lugar y planificar el trabajo y estudiar la zona. Es importante ponerse en contacto con la persona que llamó, para que nos informe del lugar exacto. Si el espacio es público, trabajamos sin problema», destaca Andrade. El problema surge cuando los roedores anidan en zonas privadas, «donde nosotros no podemos actuar. Uno de esos focos históricos es la finca abandonada en Rey Abdullah. Sabemos que hay una colonia, pero no podemos entrar. Y sabemos que el Ayuntamiento lleva años peleando con los dueños para que limpien», puntualiza.

Las trampas o los cebos no se pueden colocar en cualquier sitio. El uso de raticidas «está muy controlado y exige unas medidas extremas. Siempre tienen que estar fuera del alcance de cualquier otro animal y, sobre todo, niños».

Para evitar la proliferación de ratas, desde esta empresa se pide lo mismo que desde el Ayuntamiento, que no se les deje comida a los gatos callejeros. «Hay muchas personas que les dejan un cuenco y se van. Lo que los mininos desechan, lo comen los roedores. Para eso sí funcionan las instalaciones que se distribuyen por algunas zonas, como en Adormideras, donde el trabajo de técnicos consiguió que los gatos tengan su alimento y este no llegue a las ratas», dice Adrián Andrade.

La asociación animalista Libera también va por ahí. Defiende la actuación de los que se ocupan de controlar a los gatos. Por eso este colectivo exige mejorar este programa y llevarlo a otras zonas de la ciudad.

«Que nadie les dé de comer a los gatos, y la basura debe echarse a su hora»

«Las ratas no son nada tontas». Lo dijo ayer en los micrófonos de Voces de A Coruña de Radio Voz la concejala de Medio Ambiente, Esther Fontán. La edila hizo un llamamiento a la población para que tome las medidas adecuadas. Y estas pasan porque «nadie les dé de comer a los gatos callejeros, que para eso ya hay un programa municipal. También ha de echarse la basura en los contenedores para orgánicos a su hora, y no por la mañana, como sucede en muchos casos». Fontán también culpa de la existencia de roedores en los barrios a la proliferación de zonas con escombros o fincas privadas abandonadas. «Vamos a poner todo nuestro empeño en luchar contra las ratas», dice. Y añade: «Estamos en una época del año donde se producen más avistamientos».

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