«Aparcar» a un niño de 2 años con cáncer

Estoy con todos los que diariamente sufren el estrés de dar vueltas y vueltas sin posibilidad de encontrar un hueco en el que soltar el coche cuando van a una consulta, a un tratamiento o a urgencias

Aparcamiento privado materno Teresa Herrera
Aparcamiento privado materno Teresa Herrera

Estoy con los médicos y enfermeras del Materno que han salido a protestar por la falta de aparcamiento. Estoy con ellos y con todos esos pacientes que diariamente sufren el estrés de dar vueltas y vueltas sin posibilidad de encontrar un hueco en el que soltar el coche cuando van a una consulta, a un tratamiento o a urgencias. Estoy, por supuesto, con esa madre desesperada que ya tiene bastante con enfrentar que su hijo de 2 años tiene un cáncer, que todos los días lo trae en su coche desde un pueblo a muchos kilómetros de distancia de A Coruña a ponerse la quimio; y que, agobiada ya por una situación estresante, suma el no poder «aparcar» a su hijo en la puerta del Materno unos cuantos minutos, mientras ella se va a buscar sitio.

«A una persona mayor le dices que te espere sentada, que vaya acercándose a la sala donde le van a poner el tratamiento, pero a un niño de 2 años no lo puedes dejar solo mientras tú te vas a dar vueltas para dejar tu coche; pero tampoco te lo puedes llevar contigo en las condiciones físicas en las que está, cansado y débil, porque tienes que caminar mucho si aparcas lejos», es el relato de quien padece la desesperante situación del Materno. Por eso esta madre, que se deja mucho dinero en gasolina en los traslados, no desea que se le vaya otro sueldo en el párking. ¿La solución? Ha decidido venirse con otra persona adulta para que acompañe a su hijo mientras ella aparca.

Estas «chapuzas» domésticas son las que apañan el día a día de muchas familias, las mismas que no entienden que de una vez por todas no se pongan medidas para paliar la ya de por sí estresante situación de tener a alguien enfermo. Un acuerdo económico con los párkings, más autobuses y más frecuencia de esos servicios públicos, más plazas de aparcamiento gratis... Algún movimiento habrá que hacer para que no suceda tampoco lo que le pasó el otro día a un padre, que conducía desesperado detrás de la ambulancia en la que venía su bebé gravísimo (acompañado por la madre).

En esa situación de pánico, el hombre siguió a la ambulancia y en la pequeña rotonda del Materno aparcó su coche como pudo, dejando paso al resto de vehículos, con la única intención de saber en esos primeros minutos de incertidumbre en dónde iban a ingresar a su hijo. Corrió con su mujer a acompañar a su bebé, como haríamos cualquiera de nosotros. Y cuando ya supo que estaba estabilizado en la unidad de cuidados intensivos, no perdió tiempo en encaminarse hacia su coche para aparcarlo como correspondía. En esa tensión lo que se encontró fue un regalo: una multa de 200 euros, que se reducían a 100, si pagaba con celeridad y la suerte de que la grúa no le había llevado su vehículo, si alguien quiere verle el lado positivo. Venía de muy lejos y con un hijo grave. Como para pensar en el puñetero coche.

Por Crónicas Coruñesas

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