«La buena intención puede ser perjudicial en mi gremio, lo vimos con el Ecce Homo»

Esta semana finaliza la puesta a punto de la réplica del barco prehistórico del castillo de San Antón

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a coruña / la voz

Para los que se criaron en A Coruña es el barco vikingo. También lo era para Victoria Folgueira, la arqueóloga que desde hace unos días se afana en su puesta a punto. El proyecto que tiene entre manos recrea, sin embargo, una pieza más ancestral. Borna, como así se bautizó, es la reconstrucción de una embarcación de la Edad de Hierro, la aproximación más precisa «a los primeros barcos que surcaron Galicia». Se botó en Domaio (Moaña) hace 44 años. Esta semana Folgueira prevé finalizar la restauración que se puede ver en el Museo Arqueolóxico del castillo de San Antón ( A Coruña).

-¿Urgía una revisión?

-Sí, la réplica, de 1975, no se había tratado desde finales de los 80. Primero, tuvimos que limpiarla. Estaba llena de polvo, excrementos de animales, plumas y de humedad.

-¿Debería cerrarse toda la cubierta?

-El extremo que queda en la parte superior de la rampa es el más expuesto y el más deteriorado. Tiene una cubierta que evita que le caiga la mayor parte de la lluvia, pero no es suficiente. Por los lados se filtra agua. Lo ideal sería cerrar toda la rampa, aislarla del exterior, y dotarla de una cubierta acristalada. Los materiales orgánicos son muy sensibles.

-¿Qué sucedió en los 80?

-Se hizo una intervención en la que se sustituyeron pieles del experimento original por otras nuevas, de color blanco. Se alteró el aspecto inicial, resultado de un trabajo de investigación sobre náutica prehistórica dirigido por el profesor de la USC, Fernando Alonso Montero. Se basó en las fuentes clásicas, como los relatos de Plinio, y en los petroglifos.

Es un proyecto de arqueología experimental, así fueron los primeros barcos de Galicia
barco.La arqueóloga y restauradora Victoria Folgueira utiliza pieles de cuero de vaca y mimbre para la restauración del Borna, la réplica de un barco prehistórico que se expone en el Museo Arqueolóxico, en el castillo de San Antón (A Coruña)
La arqueóloga y restauradora Victoria Folgueira utiliza pieles de cuero de vaca y mimbre para la restauración del Borna, la réplica de un barco prehistórico que se expone en el Museo Arqueolóxico, en el castillo de San Antón (A Coruña)

-¿Por qué se procedió así?

-Este barco es un proyecto de arqueología experimental, una reconstrucción. En una pieza original antigua nunca se sustituirían elementos genuinos. Por lo tanto, prima la divulgación. En los 80 intuyo que no eran restauradores profesionales. Se impuso la estética, dejar un barco bonito con arreglo a los gustos de la época, pero restaurar no es dejar las cosas bonitas.

-¿Qué materiales utilizan?

-Los que se utilizaban en estos barcos prehistóricos. Mimbre y piel de vaca. Pensamos en reemplazarla por piel sintética, pero no es tan resistente.

-¿Para qué se utilizaban estas embarcaciones? ¿Eran fuertes?

-Sí, ¡mucho! Además de para la pesca y la navegación, nuestros antepasados también comerciaban con las islas británicas en barcos como este.

-¿Cuántos trabajan en el Borna?

-Un ayudante y yo.

-¿Qué otros trabajos ha realizado en A Coruña?

-La rehabilitación del acueducto del paseo de los Puentes, el monumento a los fusilados en el Campo da Rata, el mosaico de una villa de la antigua Roma que se exhibe en este museo o la recuperación de los fragmentos inéditos de una cúpula de los baños públicos que hubo en Cambre durante la época romana.

-Toca desde la piedra al cuero.

-Y cerámica, metal o orgánicos, como madera. En Arqueología somos bastante versátiles.

-¿Aprecia el público el trabajo que hay detrás de rehabilitaciones como esta?

-Cuando ve el trabajo final, sí. Y, cuando siente como propio un bien patrimonial que se pone en valor, agradece que se restaure. Cambia mucho la perspectiva. Es cuando se preocupan más de cuidarlos. Se observa en los yacimientos recuperados. Por ejemplo, en Cambre, donde a raíz de unos vestigios se celebra la fiesta histórica Galaicoi. Se sienten orgullosos. Ya no son solo unas piedras viejas que están ahí.

-También se puede morir de amor. En Santa Trega comen en los castros. En Catoira, trepan por la Torres de Oeste...

-Una persona sola sentada encima de un muro no hace daño, pero cuando son cientos, sí. Es la banalización del patrimonio. Que se vea como un merendero es una falta de respeto.

Restaurar no es dejar las cosas bonitas, en la actuación de los 80 se alteró el original

-¿Se siente valorado su gremio?

-Falta un poco de conocimiento sobre lo que es la restauración. Hay ideas preconcebidas que a veces son dañinas para el patrimonio. En los retablos lo vemos muy a menudo. Hacen auténticos destrozos, pintan sobre el original solo con el criterio estético.

-¿Intrusismo?

-Hay mucho. Es una profesión técnica que requiere años de preparación. Soy licenciada en Historia y diplomada en Restauración con la especialidad en Arqueología. En mi profesión no llega con la buena intención. Puede ser muy perjudicial, de hecho. Lo hemos visto en casos famosos, como en el San Jorge de Estella o en el Ecce Homo de Borja, que se ha convertido en un meme. La gente, cuando se ríe, no se da cuenta del problema. Las tallas fueron repintadas por aficionados a las manualidades. Estuvieron a punto de perderse todas las policromías. Una parte ya se perdió.

-¿Tiene mucho trabajo?

-¡Por falta de patrimonio no sería! El de Galicia es ingente. Iglesias, retablos, pinturas, yacimientos arqueológicos... Hay más de mil castros, la mayoría sin excarvar ni conservar. El problema es la falta de inversión.

-Convenza a un escéptico con la importancia de estas restauraciones.

-Son parte de nuestra historia, nos ayudan a comprender más lo que somos hoy en día. Es una maravilla que hayan llegado a nosotros restos arqueológicos o textos como los de Plinio. Son una línea directa con nuestros antepasados, nos unen a ellos.

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