Diez años con asignaturas pendientes

La Unesco declaró en el 2009 que la Torre era patrimonio mundial por su «valor universal excepcional». Lo hizo poniendo deberes que, un decenio después, siguen siendo promesas


A CORUÑA / LA VOZ

«¿Qué significó? Colocó a Coruña en el mapa. Ser patrimonio de la humanidad es estar en la Champions», resume Ana Goy. Profesora de Historia del Arte de la USC, dirigió el equipo que en tiempo meteórico, apenas cuatro meses, organizó el quintal de documentación, gran parte legado de los recordados Vázquez Iglesias y Segundo Pardo en el Instituto Torre de Hércules, para elaborar aquel medido expediente -2.000 páginas en cinco tomos- que convenció a la Unesco de que sí. De que ese faro bimilenario, un monumento sobrio, no tan espectacular como muchos de los 1.178 incluidos en la lista de patrimonio mundial, tenía un «valor universal excepcional» y, como tal, merecía ser reconocido por el mundo entero.

Título con condiciones

Once recomendaciones. Pocas veces A Coruña demostró semejante empuje de la afición para conseguir, aquel 27 de junio del 2009 en Sevilla, que la Unesco se rindiese al mérito de ser el único faro romano que, dos mil años después, sigue alumbrando un modo de vivir frente y con el mar. «Aquel entusiasmo se mantuvo unos años, y se hicieron cosas, pero poco a poco se fue perdiendo», lamenta Goy. Tras cinco años de trabajo dedicados al símbolo de la ciudad -redactó el plan director de la Torre- es hoy la voz autorizada del Icomos, el organismo asesor de la Unesco que evalúa regularmente que, alcanzado el pódium, se sigue mereciendo permanecer en él. Para la humanidad futura. Hace diez años, y como suele hacer con todos los bienes de patrimonio mundial, la Unesco realizó once recomendaciones sobre la Torre. Entre ellas, resolver los problemas de filtraciones que sufría. Fijó la franja de protección urbanística (86,3 hectáreas totalmente exentas y limitaciones hasta las 142,5), y la necesidad de crear un órgano gestor, nombrar un responsable científico, impulsar un plan de gestión y abrir un centro de interpretación y acogida a los visitantes (CIAV). «Nos falta dar el salto cualitativo; la Unesco colocó algo que teníamos aquí en el mundo, nos falta promocionar todo lo que significa y lo que gira en torno a ella», subraya el historiador Xosé Alfeirán.

Tres años, cuatro millones

El impulso inicial. «Tenemos que recuperar aquel espíritu y entusiasmo», dice Jesús Celemín, nuevo concejal de Cultura. En el horizonte, todas las intenciones. En el legado más reciente, las medidas impulsadas en aquellos primeros momentos tras el nombramiento. En poco más de tres años, hasta el 2012, en torno a la Torre se realizaron inversiones desde distintas administraciones por valor de cuatro millones de euros. «Todas las instituciones se pusieron a trabajar al margen de colores políticos», recuerda Goy. Eran cinco: Estado, Xunta, Ayuntamiento, Autoridad Portuaria y Demarcación de Costas. La restauración de los paramentos interiores romanos, de la iluminación de los cimientos, la musealización de los restos, las obras de mantenimiento y conservación, el saneamiento del contorno o la creación del centro de acogida de visitantes, que nació para ser temporal, fueron algunas de las obras realizadas entonces.

Acogida al visitante

Una década de «provisional». «Necesitamos con urgencia un lugar digno de acogida para los visitantes», reitera Alejandro de Arce, director de la Torre. Su insistencia está cargada de razones. Hoy por hoy, quienes se acercan a la Torre, un imán para el turismo y «el icono mundial de una cultura», recalca, han de hacer uso, y sirva como mal ejemplo, de los aseos portátiles del aparcamiento. El actual CIAV se levantó pivotado sobre un suelo bajo el que pueden encontrarse restos valiosos precisamente porque nació para ser temporal y reubicable. «Tenemos que empezar a dar pasos adelante y buscar una alternativa más sólida, un lugar que no afecte al entorno y con las dimensiones que merece», apunta el edil Jesús Celemín.

La antigua cárcel

¿El museo de los faros? El propio plan director de la Torre, cuya segunda fase se presentó en el 2012 aunque desde entonces ha permanecido prácticamente en un cajón, planteaba la posibilidad, con proyecto inicial incluido, de que el CIAV se construyese bajo la rampa de acceso a la Torre, a cubierto del mal tiempo. También se habló de aprovechar el bloque del cuerpo de guardia de la antigua cárcel. Ambas propuestas ahí siguen. «Se estudiará, las dos parecen viables. Para la prisión, aunque más compleja porque depende de Interior, también había la idea de crear el museo de los faros. Tenemos que empezar a mirar en profundidad qué podemos hacer y cuál es la mejor solución», asegura Celemín.

Agra y ciudad deportiva

Vistas protegidas. «No se va a construir nada que amenace el título», insiste el concejal. Tras la declaración de la Unesco, saltó a la palestra el Agra de San Amaro, media docena de bloques de hasta seis alturas a desarrollar por las compensaciones de hace un cuarto de siglo para construir el paseo marítimo. Se buscaron alternativas de edificabilidad en Adormideras, también rechazadas, y se cambió el PGOM para proteger las vistas a la Torre, pero los propietarios siguen litigando en los tribunales por las compensaciones. Las arcas públicas ya han desembolsado más de dos millones de euros. Sobre la Ciudad Deportiva, aplaudida por la Unesco por lo que tiene de uso ciudadano al aire libre, siguen pendientes mejoras para reducir su impacto visual e incorporar servicios como cafetería.

Órgano y plan de gestión

Con más de cien medidas. En el 2009 la Unesco dijo que la Torre debería contar con un órgano gestor y un plan de gestión. El primero no existe. El segundo, solo sobre el papel. El plan director incluía más de cien medidas para su mejora y proyección. Como integrarla en itinerarios turísticos, desde los caminos xacobeos hasta los cruceros, crear una central de reservas, impulsar rutas de los faros y los naufragios o cuidar el parque escultórico.

Casi 45.000 entradas en medio año

En lo que va de 2019 se han despachado ya 44.769 entradas para ver el faro

Si la obtención del reconocimiento de la Unesco tiene un efecto claro es sobre el turismo. «Yo lo veo todos los días desde mi casa, hay gente desde primera hora y a veces se forman colas», subraya el historiador Xosé Alfeirán. No obstante, y al margen de circunstancias como cierres por obras o temporales, el tirón de la Torre ha tenido tiempos mejores que los actuales. En el 2017 fueron 133.100 los visitantes computados, cifra que descendió a 126.076 el año pasado. En lo que va de 2019, se han despachado 44.769 entradas para visitar el faro, casi tres mil menos que en el mismo período del 2018, cuando fueron 47.478.

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