Gabriel Bussi: «Entre Alemania, Uruguay y Japón elijo A Coruña»

A CORUÑA

CESAR QUIAN

El violinista de la Orquesta Sinfónica de Galicia ha dedicado seis años a escribir la ópera «La tribuna», basada en la novela homónima de Pardo Bazán

23 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Es violinista, al igual que su madre, su padres y su mujer. «Mi suegra es profesora de piano en Japón», añade a la orquesta. Tiene dos hijos de 14 y 11 años. También tocan, pero a lo mejor para ellos es demasiado el peso familiar», reflexiona Gabriel Bussi, violinista de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) y compositor de la ópera La Tribuna. Charlamos en el Café Real 63. Justo a su lado reposa el violín. «Esto son años y años de dedicación», comenta mientras lo acaricia. Pide un café. «Me gusta mucho, pero no tomo más de tres al día». Nació hace 43 años en Montevideo. Se crio y pasó su infancia y juventud en Alemania, conoció a su mujer japonesa cursando un máster en Dallas, Estados Unidos. Y desde el 2002 vive en A Coruña. «En mi casa de A Corveira es donde más tiempo seguido he vivido en mi vida. Recuerdo que el día que llegué, el Superdépor jugaba contra el Manchester United», rememora sonriente. Le pregunto qué tanto por ciento tiene de gallego, uruguayo, alemán o japonés, por influencia de su esposa, Fumika Yamamura. Se ríe. «No soy capaz de decirte. Mis padres viven en Alemania y allí siempre me sentí integrado. Al conocer la cultura japonesa se me abrió el mundo. En Uruguay tengo mucha familia y de vez en cuando hago un asado. Le compro la carne a Campos, carnicero de la avenida de Finisterre. No sé. Entre Alemania, Uruguay y Japón me quedo con A Coruña. Yo podría ir a una orquesta alemana, por ejemplo, y tener mejor salario, mejores camerinos pero… Tuvimos los hijos aquí. La Sinfónica es muy buena. Fuera no podríamos tener una vida personal y profesional tan plena», relata. 

Sushi con tortilla

«Desde que sé pensar tengo un violín», recuerda. Sus padres tocaban en la Orquesta Armorial, de Recife, Brasil. Querían conocer Europa, la cuna de la música clásica, y consiguieron trabajo de violinistas en Alemania. Ahora están jubilados. «Dentro de unos días los voy a ver. Tengo que llevar el violín a mi lutier, que esté en Múnich, y mientras lo pone a punto, estaré con ellos. Después me iré tres semanas a Japón», avanza. En su casa gustan de la comida japonesa, «aunque resulta complicado encontrar buenos productos. Mi mujer hace una tortilla española fantástica y yo, por mi origen italiano, pizza casera muy buena», presume. Aunque siempre vivió rodeado de música, asegura que hasta los 15 años no pensó en que aquello pudiese convertirse en su trabajo. «Me puse en serio. Practicaba cuatro horas diarias. En Alemania no existe el solfeo y estoy de acuerdo. De hecho mis hijos aprenden música en casa, no van al conservatorio. Claro que hay una parte teórica, pero no antes. Tiene que estar al servicio de la música», reflexiona. Me habla del máster en Dallas donde se enamoró de la otra alumna. «Fue un flechazo. Admiro su calma y su capacidad de concentración, tanto a nivel personal como profesional. Tenemos muchos proyectos conjuntos (participan en varios cuartetos) pero ella tiene más talento que yo. Pero no hay rivalidad, nunca discutimos», asegura. 

Fotografía y yoga

Practica yoga. «Me dio la vida. Lo descubrí gracias a Nielsen, compañero tuba en la orquesta». Es también un apasionado de la fotografía. «Tengo un buen equipo y miles de fotos». Abrió una cuenta de Facebook y solo entra dos veces al año. «Me gusta más el mail, porque es correspondencia. Y creo que hay que separar a los niños de los móviles porque los engullen», sentencia Gabriel, que se reconoce «exigente, riguroso y meticuloso» consigo mismo y con los demás. Tardó seis años en componer a lápiz la ópera La Tribuna, basada en el libro de Emilia Pardo Bazán y por mediación de Javier Ozores, que se fijó en él para llevar a cabo el proyecto. «Me queda al menos un año de trabajo. Lo empecé de manera ingenua y fui creciendo con la tarea. Son tres actos y la ópera durará tres horas», explica este músico sin fronteras, feliz en A Coruña.