Dos valientes frente al acoso escolar

El testimono de una madre coruñesa sobre el sufrimiento de su hijo en el colegio vuelve a poner el foco sobre este problema

Carmen Villar, madre de un niño que sufrió acoso escolar
Carmen Villar, madre de un niño que sufrió acoso escolar

A Coruña

«Mi hijo sufrió acoso escolar. Lo insultaban, lo empujaban, lo aislaban, se burlaban de él, le ponían la zancadilla, lo esperaban a la entrada y a la salida del colegio… No quería ir a clase. Un niño que sacaba muy buenas notas, que le gusta mucho leer, con facilidad de expresión, siempre muy motivado, de repente dejó de participar en clase. Quería pasar desapercibido, quería desaparecer. Prefiero morirme, no quiero vivir así, decía».

Los padres que hemos visto en la web de La Voz de Galicia el vídeo en que la coruñesa Carmen Villar explica con una serenidad que hiela la sangre el acoso escolar al que fue sometido su hijo en 1.º de secundaria (con 12 años) aún tenemos el corazón al borde de la fibrilación auricular.

El testimonio entero, que forma parte de un informe de Amnistía Internacional sobre este problema, pone la piel de gallina. Pero hay pasajes especialmente inquietantes por lo que revelan… y por lo que no revelan pero se intuye. Así explica la madre qué efecto tuvo esta situación en la relación de su hijo con la familia: «Tiene desconfianza, muchísimo recelo. No cree en nosotros, porque la verdad es que los adultos le hemos fallado». Un sentimiento de culpa y fracaso abrumador, que la madre expresa así: «Se sufre mucho. ¿Lo he educado mal? ¿Lo he hecho débil? ¿He sido la causante de que mi hijo no sepa vivir en el mundo porque lo he educado para un mundo que no existe?».

El sentimiento de culpa es otro efecto perverso del acoso. Se alimenta de la inacción de los demás, porque, según Carmen, ni los profesores, ni los padres de los compañeros, ni los responsables del colegio fueron jamás colaboradores en la búsqueda de soluciones. Y así de profunda es la herida que un adolescente sin empatía y el silencio de los adultos pueden llegar a causar.

Pero si algo impresiona y sonroja en el testimonio de esta madre es la dignidad con que enarbola el pírrico triunfo que le permitió sacar al muchacho del fondo del pozo: «Lo único que pude hacer para ayudar a mi hijo fue cambiarlo de colegio. Lo que hice siguiendo el protocolo, pedir que se investigase, solo fue para empeorar su situación». La salida del centro mientras el acosador sigue en él es la miserable pero imprescindible victoria que pudo regalar al muchacho y la repugnante vergüenza de nuestro estamento educativo. La inacción del grupo silencioso, frente al coraje de una mujer que pide a su hijo «que no se conforme» y que entienda que no hay nada malo en él. Todo lo contrario.

El valor y la generosidad de Carmen al contar todo esto para que sea útil a otros padres debería ser el mayor orgullo de su hijo y un argumento sólido para recuperar la confianza perdida en los adultos.

Carmen Villar: «Nadie está exento de que sus hijos se conviertan en acosadores o acosados»

Tamara rivas

Pretende visibilizar el problema y ayudar a padres y niños que hayan pasado por situaciones similares

Carmen Villar se atrevió a dar un paso adelante y contar el acoso escolar que sufrió su hijo cuando estaba en primero de la ESO con el objetivo de dar visibilidad al tema, ayudar a padres y niños que estén o hayan experimentado en sus carnes una situación similar y para tratar de cambiar unos protocolos, que en su caso, obviamente han fallado. Y lejos de hacerlo desde la rabia, el enfado o el resentimiento, lo hace lanzando un mensaje conciliador e invitando a la reflexión: «Nadie está exento de que sus hijos se conviertan en acosadores o acosados. Ambas partes son víctimas y hay que ayudarlas».

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Por Alfonso Andrade coruñesas

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