a coruña / la voz

Que un jardín urbano se convierta en un botellódromo nunca es una buena noticia. Para las especies que lo habitan, pero también para la ciudad de A Coruña que lo acoge. Pierde belleza, biodiversidad y calidad ambiental. En el 2012 los peores presagios de cumplieron. Uno de los magnolios más emblemáticos del espacio inaugurado a mediados del siglo XIX, y dedicado al héroe pontevedrés de la Primera Guerra del Pacífico, cayó por culpa de las altas concentraciones de urea. «Ahora hay al menos ocho árboles en peligro. La mayoría son centenarios, incluidos un magnolio, un tejo y un haya», alerta la especialista en botánica y estudiosa del espacio Sonia Cajade Frías.

Temporales, sí. Orines, no

Los árboles robustos y centenarios que habitan Méndez Núñez están preparados para las inclemencias temporales pero no para las humanas. «É unha cuestión de intensidade dos efectos. Hai que ter en conta que as árbores urbanas xa non están en condicións óptimas. Están sometidas a máis estrés. Teñen un chan reducido, sobre todo as que están en parterres, e soportan unha maior contaminación ambiental. Os coches circulan ao seu carón. As vibracións, no caso dos xardíns baixo os que hai un aparcamento, tampouco axudan», detalla Manuel Pimentel Pereira, profesor de Filoxenia en el área de Botánica en la Universidade de A Coruña. Entonces, ¿puede morir un árbol por los orines?

«As urinas cambian o PH do chan e son un aporte extra de materia nitroxenada. Así como hai vexetais nitrófilos aos que lles gusta o nitróxeno que contén a urina -as ortigas ou as plantas que viven preto de zonas onde aniñan aves mariñas-, outras non toleran eses niveis altos», constata el profesor de la Facultade de Bioloxía. No todas las especies reaccionan de la misma forma. «As grandes árbores forestais non son nitrófilas», destaca Pimentel. Es el caso de buena parte de los ejemplares de Méndez Núñez. «A acumulación de materia orgánica e os danos mecánicos tamén lles afectan», añade el docente.

Cuestión de edad

Los años les dan fuerza a algunas especies como los tejos, pero se las quitan a otras, como a los frutales. «Dos olmos, tres magnolios y un pino murieron en los últimos años. Algunos árboles incluso amanecen con pintadas», lamenta Sonia Cajade. Un acto tan común e inofensivo a los ojos de muchos jóvenes como grabar con una navaja unas letras en un árbol lo hace más vulnerable ante las plagas o los hongos. Baja su defensa frente a los patógenos. La protección, la prohibición y, también, la educación son esenciales para evitar estos ataques.

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¿El botellón puede matar un árbol?