El cáncer no entiende de política


Más de 800 millones de euros en donaciones privadas. Ese es el compromiso que el Gobierno francés había obtenido para reconstruir Notre Dame solo dos días después del pavoroso incendio que la arrasó el pasado 15 de abril. No parece probable que alguien desde la orilla del Sena saludase estas aportaciones como una afrenta a la Administración del Estado, por no haberlas rechazado y por no asumir el proyecto en solitario, con fondos públicos. Es más, fue el propio presidente, Emmanuel Macron, el que impulsó desde el primer momento «una gran recolecta» para la catedral.

Entre las empresas donantes hay multinacionales estadounidenses como Disney o Apple. Esto puede resultar llamativo desde nuestra perspectiva, pero no en Norteamérica, donde el mecenazgo está muy arraigado. Allí es habitual el apoyo privado a instituciones culturales, sanitarias, educativas… e incluso a causas internacionales. Y son bien conocidas las millonarias aportaciones de Apple a la lucha contra el sida o a beneficio de víctimas de catástrofes naturales.

El señor Pablo Iglesias es usuario habitual de Apple. En ese caso, al líder de la formación morada no parecen preocuparle tanto las donaciones de esta firma, incluso a causas públicas. O sí, pero al parecer la afrenta no es suficiente para, obrando en coherencia, renunciar a los productos del gigante tecnológico. Así que seguramente este dato es reconfortante para todos aquellos simpatizantes de Podemos que tienen un iPhone o un iPad y se encuentran también en una encrucijada ética: donaciones millonarias, no; productos, sí.

La incoherencia asumida será también un alivio para los seguidores de Iglesias que, por desgracia, sean o vayan a ser pacientes oncológicos, o que tengan a un ser querido en esa situación, pues ningún dilema moral les impedirá hacer uso de las máquinas de última generación que el señor Amancio Ortega ha tenido la desfachatez de donar a la Sanidad española y que Pablo Iglesias repudia por ser «la limosna de un millonario». Una limosna de más de 300 millones de euros para equipos de radioterapia y diagnóstico preciso de la enfermedad, que, de paso, ha propiciado el diagnóstico preciso de algún que otro ignorante.

España debe aspirar a tener el mejor sistema sanitario posible, autosuficiente y con los medios más avanzados. Mientras peleamos por lograrlo, ojalá vengan todos los días millonarios como Amancio Ortega a regalar esperanza de vida a los ciudadanos, que gracias a él podrán beneficiarse de la tecnología más avanzada sea cual sea su opinión sobre las donaciones, porque el cáncer no entiende de política, solo de letalidad.

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