Fraga, cortina de humo ante la basura


Para los coruñeses, siempre orgullosos de su coqueta ciudad, de su «Vivir na Coruña que bonito é» y del «Se me deran a escoller, eu non sei que escollería», de Alberto García Ferreiro, es un mal trago desayunarse un día con un informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que nos coloca entre las ciudades más sucias de España. Un directo a la mandíbula.

Claro que después de digerir la noticia y dar un honesto repaso a las calles de la urbe, hasta el más chovinista de nosotros termina por admitir la cruda realidad. Suciedad acumulada en la vía pública, pintadas en incontables paredes, mobiliario urbano destrozado, aceras levantadas, maleza en las esquinas, excrementos de perro, edificios ruinosos o restos de botellón contribuyen a crear ese aspecto sucio al que apunta la OCU, corroborado por los ciudadanos en una encuesta en la edición digital de La Voz de Galicia en la que ocho de cada diez lectores alertan sobre este problema.

Pero no es precisamente la suciedad la que centró el debate en el último pleno municipal de la legislatura. Tampoco lo fueron nuestras deficientes infraestructuras, el futuro de los terrenos portuarios o la práctica imposibilidad de ir a ver al hospital a un familiar sin dejarse el sueldo en el aparcamiento. No, el pleno sirvió sobre todo para retirarle honores municipales a Manuel Fraga Iribarne y Laureano López Rodó, por haber sido nombrados hijos adoptivos de A Coruña durante el franquismo.

No tengo muy claro que la radicalización del discurso en período electoral vaya a beneficiar al BNG, defensor de la moción, o al PSOE, que la secundó, pues parece bastante evidente a quién ayuda que el debate público se centre en la retirada de honores a Fraga y López Rodó, y no en la porquería acumulada en las calles del centro y los barrios.

En cuanto al expresidente de la Xunta y a ese juego aleatorio y peligroso de procesar a alguien sin defensa posible y en aras de una interpretación caprichosa de la memoria histórica, me gustaría resaltar la incongruencia -tan habitual en este país- de retirarle honores en su propia tierra a un hombre que es gran cruz de la Orden del Mérito en Alemania, caballero gran cruz de la Orden del Infante don Enrique en Portugal, doctor honoris causa por la Universidad de San Petersburgo o profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, entre otras muchas distinciones internacionales, concedidas por la talla política e intelectual de uno de los padres de nuestra vigente Constitución.

Pero claro, se ve que por ahí adelante las ciudades están más limpias y nadie necesita cortinas.

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