«Si hay toxicidad en Caperucita no está en el cuento, sino en los ojos del lector»

Codirige Bululú, miembro de Álbum, asociación de editoriales de literatura infantil

LUISA ORTIGOSA COOPROPIETARIA DE EDITORIAL BULUBÚ
LUISA ORTIGOSA COOPROPIETARIA DE EDITORIAL BULUBÚ

A Coruña / La Voz

Con apenas seis años de vida la editorial coruñesa Bululú se ha convertido en uno de los grandes referentes del libro ilustrado y acaba de ingresar en Álbum, asociación de editoriales especializadas en literatura infantil. Luisa Ortigosa, fundadora de la editorial con Pablo Zaera, ha firmado un comunicado conjunto con otros editores en el que se muestran críticos con la decisión de censurar 200 títulos adoptada por un centro educativo catalán.

-¿Cómo funciona Álbum?

-Es una asociación que se ha creado a nivel nacional en la que estamos 24 editoriales de álbum ilustrado, algunas muy grandes, como Juventud, y otras pequeñas, como nosotros. Nace con el objetivo de dar visibilidad social a este tipo de libros.

-Por ahora son la única editorial gallega en la asociación.

-De momento sí. Y los más jóvenes, porque la editorial se creó en 2013, lo que comparado con Juventud, que llevan 95 años sacando libros, pues no es nada. Estar en Álbum nos da más visibilidad fuera de Galicia, nos abre fronteras.

-Consideran los libros ilustrados como posibles herramientas formativas, no solo como cuentos.

-Es fundamental para que los niños de ahora puedan llegar a convertirse en personas críticas, libres y creativas. Para eso estamos creando unos foros especializados con la intención de llevar estos libros a los colegios y a todos los ámbitos culturales, desde bibliotecas a centros cívicos, hospitales o centros penitenciarios. Sacarle todo el partido que se le puede sacar, no quedarnos con que es un cuento con dibujitos sin más.

-Han firmado un comunicado rechazando la decisión de una escuela pública de Barcelona de censurar 200 cuentos infantiles por considerarlos «tóxicos».

-Los cuentos clásicos o populares tienen que estar ahí. Forman parte de un contexto cultural e histórico y como tal hay que respetarlos. Lo que no tiene sentido es la intolerancia que estamos viendo. Es cierto que ahora estamos en un momento en el que todo se pasa por ciertos filtros de corrección política. Pero no debemos de perder la perspectiva de lo que son los cuentos.

-¿Usted recomendaría la lectura de Caperucita?

-Lo primero es que los padres y educadores del niño tienen que estar siempre a su lado cuando pueda surgir alguna duda sobre esos cuentos. Pero, sinceramente, no creo que llegue a existir ninguna duda. No paro de darle vueltas a esta polémica y sigo sin encontrar el motivo por el que Caperucita, y muchos otros, pueda considerarse un libro tóxico. Por mucho que lo intento no veo dónde puede estar la toxicidad. Sonará duro, pero me temo que si hay toxicidad está en los ojos del lector, no en el cuento.

-Para esta prohibición alegan que esos cuentos ayudan a «naturalizar conceptos en una edad en la que todavía no se tiene capacidad crítica».

-Me parece muy mal que se diga que los niños no tienen sentido crítico, que no se enteran. Al revés, lo que pasa es que no están tan maleados como estamos los adultos. Es que es una barbaridad. Me da miedo porque me recuerda a situaciones que ya vivimos hace muchos años y que pensaba que estaban superadas. Estamos en el siglo XXI, no podemos andar con censuras ni sacar las cosas de contexto como se está haciendo. Mira, si con todo esto consiguiéramos tener lectores más críticos, sería estupendo. Pero por ahora lo que veo es que un grupo de personas nos están diciendo lo que se puede o no se puede leer. Y eso no puede ser.

Clásicos infalibles. Luisa Ortigosa defiende la vigencia de los cuentos clásicos: «Siguen funcionando, y se están haciendo nuevas versiones que son maravillosas. Pero los textos clásicos hay que situarlos en su contexto. Si se quiere hacer un análisis crítico de algo que fue escrito en el siglo XVII tendrás que informarte de cómo era la estructura social y cultural de entonces. En mi vida, ni como madre ni como maestra, editora o librera, me he encontrado jamás con ningún tipo de problema con este tipo de cuentos», asegura.

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