Vislumbrando el paraíso desde la Torre

El viaje legendario de Trezenzonio a la Isla Grande de Solistición, oculta en el océano


Es un relato místico. Trata del viaje espiritual, de la búsqueda personal, de la peregrinación en soledad, de entrever lo sobrenatural, del más allá, del goce en el paraíso y de la imposibilidad de tenerlo en medio de la podredumbre de la vida. Nos remonta a un tiempo pasado antiguo y medieval, a unas creencias simbióticas, cristianas y paganas, a un espacio, la esquina noroccidental de Europa, y a un lugar emblemático, la Torre que hoy llamamos de Hércules y antes faro romano de Brigantium.

No sabemos quién lo escribió, ni en qué año. Según el medievalista Manuel Díaz y Díaz, que fue el primero en estudiarlo en su obra Visiones del más allá, quizás fuese a comienzos del siglo XI, o quizás antes. Narra la historia de un hombre, Trezenzonio , que conducido por el destino, vagaba en solitario por Galicia en la época posterior a la invasión musulmana (del 711). No había nadie. Tras divisar su alta cima, se encaminó hacia el faro de Brigantium. Subió hasta su cúspide y allí encontró un espejo de gran tamaño y brillo. En él, la luz del sol reflejaba cuanto había en el mar. Y mirando, tuvo una revelación: vislumbró, entre las lejanas olas, una isla. Decidido a ir a ella, construyó una barca y se adentró en el océano. Llegó sano y salvo. Recorrió la isla durante 8 días. Cifra no aleatoria, sino simbólica, pues, según el Libro de los Números atribuido al obispo Isidoro de Sevilla, refleja para los cristianos la esperanza de la eterna resurrección. Allí encontró una gran iglesia que ocupaba 300 estadios (51 km). Otro simbolismo numérico: era la longitud del arca de Noé y representa la fe de la Iglesia en donde se encuentra la multitud de los santos; además, en griego se expresa con la letra tau (T), la cruz de Cristo. Dentro, en una columna de mármol estaba escrito: basílica de Santa Tecla e Isla Grande de Solistición, quizás con el significado del sol estacionario, porque en ella el tiempo está inmóvil. Trezenzonio, nombre que podría proceder de trecenti-, trescientos, permaneció en la isla siete años, número asociado al eterno descanso y al Espíritu Santo. Durante ese período disfrutó de una existencia maravillosa, sin fatigas, sin tristeza, sin hambre, sin temor ni pensamientos sórdidos, rodeado de belleza y perfumes indescriptibles y escuchando coros de ángeles y bienaventurados: está en una isla paradisíaca. Pero no puede permanecer más en ella, siendo obligado a marchar, ya que aún es mortal. Embarcado de nuevo y empujado hacia la costa, retorna cerca del faro que encuentra en parte destruido y a Galicia ahora poblada por el paso del tiempo terrenal. Marcha y llega a Tuy, faltando el final de la historia.

Una metáfora sobre el paraíso y sus goces. Pero también recoge creencias más antiguas, de origen céltico, pero también greco-rromanas, que hablan de la existencia, frente a las costas del occidente europeo, de las islas de los muertos, de los bienaventurados, del paraíso, del sol, a las que unos pocos, como Trezenzonio, San Brandán o San Amaro, se atreven a ir y cuyos relatos siguen emocionando.

Historias con historia

Trezenzonio cuando regresa se encuentra el faro en parte destruido y Galicia poblada

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