Laura Ferreiro: «Mandé costilla, tocino y grelos a China para hacer caldo»

Exalumna de Maristas y responsable de redes sociales del Club Baloncesto Culleredo, dice que su tienda de ultramarinos de la Gaiteira le enseña a educar a sus hijos en el fracaso


Regenta un pequeño y cuidado negocio de alimentación en la calle San Diego, de la Gaiteira. «Nada de eso de tienda gourmet o delicatesen. Es un ultramarinos de toda la vida», afirma decidida. Me cuenta que abre de nueve y pico de la mañana hasta las dos y media y, por la tarde, de cinco hasta nueve y media de la noche. «Como de pie en la tienda todos los días. No tengo tiempo porque aprovecho al mediodía para ir al gimnasio. Estoy fortísima. Llevo cuatro años yendo a San Diego. A pesar de tener dos hijos tengo tableta», comenta, suelta una carcajada, se tapa la cara con las manos y añade «qué vergüenza, no tengo filtros». 

Siempre la canasta

Charlamos en la tahona Debén, de la Gaiteira, cerca de donde su padre y su tío abrieron el primer negocio Hermanos Ferreiro en 1958, en la calle peatonal. «Yo me hice cargo en el 2004. Y ya me fui al nuevo bajo. Cuando era pequeña siempre le decía a mi padre que la tienda no se iba a cerrar. Soy una periodista frustrada a la que no le dio la media para hacer la carrera que quería y me matriculé en Empresariales. Trabajé un año en Mapfre y me gustaba, pero en la tienda me lo paso pipa», afirma Laura Ferreiro Bermúdez, exalumna de Maristas que acaba de cumplir los 40. Los fines de semana los consagra al deporte de la canasta. Sus dos hijos juegan en el Club Baloncesto Culleredo y su marido es entrenador en varias categorías. «Y yo soy la que llevo las redes sociales del club, que creo que es el cuenta con la mayor cantera», asegura. Por cierto, a su marido, que es arquitecto, lo conoció en el desaparecido club María Pita. «Fue mi entrenador dos años. En casa se ve mucho baloncesto. Soy de Harden y de Curry, además de los jugadores españoles. Yo jugaba de ala pívot y llegué a entrenarme con el Ensino, pero me di cuenta de que eran mucho mejores que yo. Mido 1,77 pero siempre digo 1.80. Conservo las amistades de entonces. Todas mis amigas son gigantes», afirma. 

Tocino a China

Se declara: «Muy nerviosa, autónoma, dependiente de sus padres [se hacen cargo en muchas ocasiones de los niños], mujer de autónomo y madre de dos hijos, Jorge, de 10, y Mario, de 5». Dice que se le da bien el contacto con el público. «Conocer gente nueva me flipa», reconoce. Me habla de su tienda, de las cestas especiales que prepara para regalo y que tienen mucho éxito. «Le da mucho impulso al negocio. Las hago distintas y siempre con productos gallegos. Apuesta por la venta on-line. «Mandé tocino, costilla, chorizo y un bote de grelos a China. Era para una clienta que quería hacer caldo allí. Los productos le costaron 12 euros y el transporte 60. Lo difícil era que llegase, y llegó. También llegaron unos vinos y licores que enviamos a un gallego que estaba en un barco en Namibia. Para el transporte trabajo con la gente de Tikiting, que son majísimos», comenta con su sonrisa, tan grande como ella. Dice que la patata es su producto estrella. «Vendo tonelada y media al mes. Después, bacalao, vinos, quesos, productos del cerdo... Cada vez hay una clientela más joven. Mi padre, que tiene 80 años, sigue yendo por allí. La gente me cuenta cosas que hacen que todavía me sienta más orgullosa de él de lo que lo estoy siempre», confiesa Laura. Asegura que sigue investigando, buscando nuevos productos, intentando ser diferente... De diez cosas que intento, ocho no salen. La tienda me vale para educar a mis hijos. Te enseña a educar en el fracaso. A veces luchas y hay cosas que no las consigues», reflexiona esta mujer emprendedora y positiva a la que le gusta el You Are so Beautiful de Joe Cocker.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos
Comentarios

Laura Ferreiro: «Mandé costilla, tocino y grelos a China para hacer caldo»