Miguel Rodríguez Bugarín: «Creo que el puerto exterior necesita terminales de mercancías más cerca»

El ingeniero y profesor de Ferrocarriles de la UDC es optimista en cuanto al resultado final de la obra, pero ve que la conexión con el tren va muy lenta


A Coruña / La voz

Quizá el origen de su pasión por los trenes es de nacimiento. El profesor Miguel Rodríguez Bugarín nació en 1962 en Carril, donde se estrenó el ferrocarril en Galicia. Hoy es especialista en este tipo de transporte, impartiendo sus conocimientos en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

-¿Qué opina de la reconducción de las soluciones del tren a Langosteira?

-La palabra es preocupación. Hoy en día un puerto de interés comercial que quiera estar en el mundo no solo tiene muelles, diques, aguas tranquilas o incluso grúas, sino que debe tener un acceso ferroviario. Si no lo tenemos ese puerto con dificultad va a estar en el mundo de hoy y tiene difícil encaje en el de mañana, cuando la propia Unión Europea está hablando de que hay que primar el transporte limpio, y eso tiene que venir de la mano del ferrocarril.

-Parece que en San Diego seguirá el servicio por parte del ADIF.

-Hay una cuestión clara: en función de lo que es el plan de actividades del Puerto, aquellas que se van a desplazar, a Langosteira irán una serie de cargas que requerirán o no del tren de mercancías. Esto no es como un camión que carga y se va. Necesitamos unas vías de estacionamiento, y en función del tipo de mercancías incluso es posible que requieran un tratamiento desde el punto de vista logístico, es probable que necesitemos una terminal de mercancías más o menos próxima al puerto exterior. Y este aspecto, en estos momentos, no existe en la planificación. Miremos el Puerto de Oporto. Tiene servicio ferroviario y en las afueras hay terminales preparadas para recibir trenes, terminales de mercancía. La cuestión es si en Langosteira harán falta esas infraestructuras, habría que realizar esa reflexión técnica. En ese caso habría que buscar una zona próxima al muelle exterior para hacer esas actividades si dejan de prestarse en San Diego. Hace falta prever si es necesaria una estación de mercancías en punta Langosteira.

-¿Cómo valora el proyecto desde el punto de vista de la ingeniería?

-Lo que me preocupan son los plazos en la consecución. Llevamos más de diez años hablando del acceso al puerto exterior.

-Y ahora que se conoce una nueva prolongación a Uxes de cuatro kilómetros, ¿no da la sensación de improvisación?

-Llama mucho la atención, no lo voy a negar, porque no se trata de un problema excepcional. Desde siempre las líneas que van a puertos hay que conectarlas con la red general y, por tanto, esa conexión debe hacerse con arreglo a una serie de criterios. La segunda cuestión que también llama la atención es un proyecto que ha estado bajo la supervisión de la antigua Dirección General de Ferrocarriles y en el proceso de información pública los primeros que deben estar enterados son las Administraciones. Por eso llama la atención que ahora se produzca este problema con la red general. Estoy seguro de que se va a resolver de una manera totalmente eficiente y correcta, lo que me preocupa es que esto añade un nuevo plazo más. Insisto, los tráficos para los que ha sido diseñado el puerto exterior de A Coruña son graneles, y el modo más eficiente para su transporte es el ferrocarril. Estamos hablando de carbón, cereales, materias que requieren un capacidad de transporte para desplazarlas. Así que en un puerto especializado en este tipo de tráficos, el hecho de que se demore a mí lo que me produce es preocupación.

-En la próxima campaña electoral volverán a hacerse promesas del tren de cercanías. ¿Ya hemos perdido la fe en la comarca coruñesa o ve una solución real y efectiva?

-Creo que lo que tenemos que hacer todos, no solo las Administraciones, es apostar por el transporte público. Mover un tren para transportar a unos poquitos usuarios tiene un coste enorme. Pero a veces un bus pequeño soluciona el problema.

-A Coruña-Ferrol en tren, casi hora y media.

-Si se quiere acortar hay que actuar en la vía y reducir el número de paradas, lo que iría en contra de la accesibilidad. Se ha hablado siempre de hacer el baipás de Betanzos, pero claro, una obra muy cara para diez minutos menos. El ferrocarril compite con otras alternativas y lo que queremos es que el transporte público, sea el que sea, pueda competir con el transporte privado. Si una persona se plantea ir de A Coruña a Ferrol, puede dejar su coche en la ciudad porque sabe que tendrá soluciones fáciles para el regreso.

El ADIF deja San Diego donde está, aunque los tráficos se irán a un puerto sin estación

A los retrasos en el tren a Langosteira se le suma otro problema vinculado también a las mercancías. La estación de San Diego, que iba a desaparecer de donde está por el convenio de urbanización firmado en el 2004, finalmente se quedará, según confirmó el ADIF esta semana.

Eso supone garantizar que no desaparezca el servicio de mercancías en la ciudad, por cuyo futuro se temía, pero también implicará que mientras la actividad portuaria generadora de tráficos, sobre todo de graneles -que son los potenciales usuarios del tren- se traslada al puerto exterior, la estación de mercancías seguirá, vinculada solo a la madera (un millón de toneladas al año), junto a un puerto donde apenas quedarán cargas susceptibles de moverse por tren, sobre todo porque desde el año 2016 se fueron recortando los servicios que allí se ofrecían, con la reducción de frecuencias primero y la eliminación después de la única línea regular de transporte de contenedores que quedaba operativa en A Coruña y que cerró hace tres años. 

Pasajeros

Las dudas en torno a los movimientos de mercancías por ferrocarril desde la ciudad no se ciernen sobre el tráfico de pasajeros. Ahí sí hay 45 millones para adaptar San Cristóbal a la llegada del AVE y la intermodalidad. Por ahora habrá que seguir esperando por la renovación de la línea a Betanzos y Ferrol, pero al menos estas ya entran en los planes a medio plazo del ADIF.

Lo que sigue pendiente es la construcción de la intermodal, que será, seguramente, la última de las gallegas. Los cambios ordenados por el Ayuntamiento obligaron a desechar el proyecto que había para los buses y el que lo sustituirá, que paga la Xunta, está en fase de licitación.

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