Carlos Campoy: «Cuando era pequeño en casa sonaba Eric Clapton, y eso siempre marca»

El virtuoso ferrolano, radicado en A Coruña desde hace años, acompañará al guitarrista de blues Ryan McGarvey en su gira por España


A Coruña / La Voz

El americano Ryan McGarvey está considerado uno de los mejores guitarristas de blues que hay actualmente en el mundo. Así lo has corroborado genios del género como Joe Bonamassa o Eric Clapton. En la gira que en abril realizará por España tendrá a un acompañante de lujo, que veremos si no ensombrece al propio McGarvey. Se trata de Carlos Campoy, un virtuoso de la guitarra de 30 años nacido en Ferrol que lleva años viviendo y trabajando en A Coruña.

-¿Cómo surge la oportunidad de acompañar en la gira a Ryan McGarvey?

-A través del Forum Celticum. Hice varios conciertos en la sala con la Carlos Campoy Full Band, tanto un tributo a Joe Satriani, que es mi pasión, como con temas propios. Y desde allí Marcos Teijido y Fernando Tanxencias me dijeron si quería ir con McGarvey de gira. Y, claro, para mi es un sueño.

-Pero el sonido de McGarvey es más clásico que el suyo.

-Sí, de hecho está apadrinado por Joe Bonamassa. Son virtuosos de la guitarra pero en un ámbito más clásico, el del blues rock, mientras que lo mio tira más al hard rock, un rollo instrumental moderno. Pero bueno, también me encanta. De hecho, aparte de la Full Band tengo otro proyecto, llamado Tequila Road, que es un power trío de blues rock en el que no solo toco la guitarra, sino que también canto. La verdad es que se me da mejor la guitarra, pero tampoco es que cante mal, creo. Ahí vamos en otro estilo más clásico, tipo Gary Moore o como el propio Ryan McGarvey.

-¿Y en qué estilo se siente más cómodo?

-Más cómodo estoy en el otro palo, tanto interpretando mis temas como haciendo versiones de Satriani o Steve Vai. Pero la verdad es que me encanta el blues. De hecho, antes de conocer a Satriani yo ya era fan de Gary Moore. Recuerdo que cuando era pequeño mis padres me ponían a Eric Clapton o Mark Knopfler, y eso siempre marca, se te queda en la cabeza para toda la vida.

-Cuénteme cómo van a ser estas próximas semanas.

-Ahora estoy preparando un nuevo disco y antes de la gira presentaremos un videoclip con el primer single. Y después nos iremos por toda España con McGarvey. No vamos a hacer todas las fechas de su gira con él, por el tamaño de algunas salas, porque va en algunos conciertos en formato acústico o porque algunas actuaciones son dentro de festivales. Pero vamos a ir por Asturias, Cataluña, Castilla La Mancha…

-¿Cómo se llega a tocar la guitarra como usted? ¿Hay que nacer con algo especial?

-Eso depende de cada uno. Pero te diré que yo con 17 años vi a mi primo tocar una balada de Joe Satriani, a quien no conocía. Empecé a buscar cosas de ese guitarrista y creo que puedo decir que me cambió la vida. Ahí supe lo que quería hacer de verdad. Yo quería ser como él, o al menos intentarlo, poder hacer lo que hacía él con la guitarra. Y me puse a trabajar. No hay más secreto que estudiar mucho, ser muy exigente con uno mismo y, sobre todo, tener mucha humildad, porque siempre hay alguien que te puede enseñar cosas que tú no sabes. Tienes que ser consciente de que siempre queda muchísimo por aprender y que hay que ir a por ello.

-¿Y tener una guitarra Ibanez como la de Satriani, influye?

-[Ríe] Bueno, eso ayuda. Tengo el modelo de Satriani y también el de Steve Vai. Y también una Gibson Les Paul, y una Fender Stratocaster y una Telecaster… ¡Y me gustan todas!

Guitarra de un ídolo. Entre su colección de guitarras, Campoy destaca una muy especial, un Ibanez como la su ídolo, Joe Satriani: «Es algo sentimental. Fue en cierto modo la herencia que me dejó mi abuelo. Además la tengo firmada por el propio Satriani, de cuando vino a Vigo en el 2015. Todo el mundo le llevaba discos para firmar, pero yo le llevé la guitarra», recuerda con una sonrisa.

«Soy un músico de los de antes, más de carretera que de redes sociales»

Coincide Carlos Campoy en que no atravesamos la mejor época para la música que él practica. El rock ha sucumbido a nivel popular ante ritmos más calientes y bailables, pero el guitarrista asegura, desde la perspectiva que le da ser profesor en la Yamaha Music School de A Coruña, que no está todo perdido.

-Como profesor está en contacto con las nuevas generaciones. ¿Hay esperanza para el rock and roll?

-Hay esperanza [Ríe]. La escuela lleva abierta solo desde septiembre y no ha habido un mes en que no tuviéramos nuevos alumnos. Tienes a los que vienen pero que se les nota que a quienes les gusta la guitarra es a los padres. Y otros que llegan con ganas de comerse el mundo. Llevan cinco meses viniendo a clases y ya quieren, con 13 o 14 años, formar su propio grupo. La ilusión está ahí y yo les insisto mucho en que eso no hay que perderlo nunca, porque el resto es trabajo.

-¿Qué espera de la música?

-Yo soy un músico de los de antes. Soy más de carretera que de redes sociales. Así que solamente espero poder defender los dos proyectos musicales que tengo en marcha en directo, recorriendo las salas de España y, si se da la oportunidad, de Europa. Nada más.

-Para ello cuenta con unos compañeros de viaje.

-Son los compañeros perfectos para esta aventura: Óscar Ardao a la batería y Éric Solá al bajo. Y Jorge Slowfret, que me ha echado una mano con las guitarras rítmicas. Son músicos brillantes, pero sobre todo grandes amigos. Para que una banda funcione hace falta profesionalidad y seriedad, pero también buen rollo, si no el grupo está destinado a desaparecer. Y yo estoy rodeado de amigos, que afortunadamente son grandes profesionales.

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