Tentativa de agotar un lugar coruñés


Llevo meses, años, no sé, la vida entera, tratando de escribir este artículo. Creo que incluso aprendí a leer -la pe con la a, pa- para que llegase el día en que, al fin, me siento a perpetrar esta columna.

Entre el 18 y el 20 de octubre de 1974 -cuando yo ni siquiera sabía juntar la pe con la a- Georges Perec se plantó en el Café Tabac para hacer, durante tres días consecutivos, inventario de la plaza Saint Sulpice de París. Tomó nota, según nos contó después Enrique Vila-Matas desde el mismo punto, «de lo que generalmente no se nota, no tiene importancia, lo que pasa cuando no pasa nada, salvo tiempo, gente, autos y nubes». Y buses, muchos buses. El 63, el 70, el 84, el 86, el 87 y el 96. Lo apuntó todo y le salió un libro único: Tentativa de agotar un lugar parisino.

Desde que leí esta pequeña joya de Perec, me propuse escribir al menos una columna que mereciese titularse Tentativa de agotar un lugar coruñés. El problema llega cuando uno tiene que elegir qué lugar quiere agotar. Como si resultase sencillo quedarse con un único sitio de A Coruña y luego sentarse a exprimirlo, a ordeñarlo durante tres días consecutivos contando personas, nubes, coches, buses.

¿El Obelisco? ¿La torre de Hércules? ¿El Orzán? ¿La plaza de las Bárbaras? ¿El jardín de San Carlos? Toda la vida escribiendo sobre esta ciudad, mojando la pluma en las propias venas -como exigía Rosalía- para hacerle una transfusión a la página con la sangre de uno mismo caligrafiada a toda velocidad sobre el papel, para que luego sea casi imposible decidir qué lugar coruñés se puede tratar de agotar.

Hasta que uno se da cuenta de que hoy es martes de carnaval. Y de que el único lugar coruñés que merece ser agotado, pero agotado hasta el último sorbo, es la calle de la Torre, esa que empieza (o acaba, qué más da) difusamente en el Ansu II y viene a morir (o a nacer, qué importa) en la esquina con la calle San Juan.

Porque hoy, como todos los años, habrá que vestirse de choqueiro y primero subir muy despacio, entre las comparsas y las familias, el tramo que va desde el número 10 -donde nació la abuela Luisa- hasta la parada del 7 junto al Campo de Marte. No podremos contar coches ni buses -y mira que es una calle por la que pasan el 3A, el 4, el 5, los dos 6, el 7, el 11 y el 17; Perec se lo pasaría en grande en la parada de la calle de la Torre, 63-, porque hoy la calle está cerrada al tráfico, pero sí podremos hacer inventario de disfraces, gentes y nubes. Luego bajaremos todavía más despacio hasta el cruce con San José, donde la confitería París. E intentaremos, con el boli y la libreta en la mano, agotar este lugar coruñés. Será en vano. Porque la calle de la Torre es inagotable. Pero qué bonito va a ser fracasar en la tentativa.

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