María Cegarra García: «Me pone los pelos de punta cuando suenan los móviles de las víctimas»

«En una catástrofe hay que pararse y coordinar. Si no, habrá más víctimas», dice la exdirectora y médica del 061


A CORUÑA / LA VOZ

Como médico de familia, María Cegarra (A Coruña, 1963) conoce la atención primaria, que ejerció en Carballo y Cambre antes de meterse en la medicina más apurada. El día de Nochebuena de 1997 aterrizó en «la base doble de Ourense, con helicóptero y ambulancia», cuenta. Allí empezó una tarea que la llevó, del 2005 al 2009, a dirigir el 061. Fue después subdirectora del Chuac y «cuando cumplí los 50, volví a mi puesto base, que es la ambulancia. Soy médica de urgencias y emergencias», resume. Su experiencia compartida ha ido dando forma a claves sobre cómo actuar ante sucesos, muchos grabados en la memoria colectiva, en los que lo que está en juego son vidas: los incidentes con múltiples víctimas (IMV).

-¿El número es lo que lo hace diferente a otra urgencia?

-Un IMV es una emergencia sanitaria con desproporción entre las necesidades asistenciales y los recursos. Es casi una catástrofe. La diferencia con otra emergencia es que la organización cambia. El primero que llega tiene que organizar porque aquello es un caos: hacen falta muchos medios, hay poca información y múltiples intervinientes. Es un escenario terrible, caótico y hay que coordinarse con otros servicios para que lleguen los pacientes al hospital y para informar a las familias.

-¿Cómo se preparan?

-Desde hace años hacemos cursos de catástrofes y simulacros. En A Coruña, los primeros fueron en 1999. Nos enseñaron las claves: teníamos que aprender a coordinar y no a asistir, que es lo que nos sale. Si no lo haces, si no organizas, habrá más víctimas.

-Al margen de Angrois, ¿qué otros casos recuerda?

-Los accidentes de tráfico a veces también son IMV. He visto muchos, sobre todo antes de los cambios de la ley de Tráfico. Nuestra razón de ser, la del 061, son los accidentes de carretera. Hemos ido a algunos terribles. Recuerdo uno en Guísamo, cuatro chicos, en el 98, otro en la autopista, un atropello tren-coche en Betanzos... Tú llegas de primero, ves la escena y te toca organizar con la Guardia Civil, Bomberos, Policía... Tenemos que aprender a ponernos a sus órdenes, porque ellos son los que tienen que hacer la escena segura. Tiene muchísimo valor su trabajo.

-¿Qué es lo más difícil?

-Cuando llegas a un siniestro y organizas, trabajas de forma mecánica porque lo primero es preservar la vida... Me pone los pelos de punta cuando empiezan a sonar los móviles de las víctimas. Es terrible. O cuando estás cortando ropa, taponando una herida, encuentras la cartera y ves quién es, le pones nombre, un chico de 21... piensas en la familia. Ahí ya te sale la parte humana.. Primero te das prisa, lo que quieres es salvarlo y que llegue al hospital. La mayoría de los pacientes son quirúrgicos, sangran, su solución está en el hospital. Tienes que hacer una asistencia inicial para salvarlo y que llegue en las mejores condiciones y cuanto antes al hospital.

-¿El 061 cambió las cosas?

-Hay un antes y un después del 061. Ahora llegan al hospital prácticamente diagnosticados y ya con las primeras medidas: los intubamos, tratamos el neumotórax, el dolor, embolizamos... La primera hora de oro es sagrada y salva muchas vidas.

-Cuando son muchas las víctimas, ¿cómo deben actuar?

-En IMV hay que hacer un triaje con etiquetas según gravedad para evacuarlos por orden: va antes el que no respira que el que sangra y éste antes que el que tiene un golpe en la cabeza. La primera ambulancia es la que tiene que organizar, el médico se coloca el casco rojo para que todo el que llegue sepa que es el mando médico, el que coordina. Es los ojos y la voz de la central, para pedir más recursos, para hacer el esquema.... La enfermera hace el triaje y apoya a Bomberos, Guardia Civil... El conductor hace de técnico de comunicaciones, y el otro técnico es el del párking: espera al resto de ambulancias y medios y los coloca. Muchas veces llegan a sitios alejados, no a la zona cero, y hay que orientarlos. Hay que establecer áreas para camillas, hacer un circuito de llegada, otro de salida... Siempre pienso qué sintió ese primer equipo cuando llegó a Angrois. O al Marisquiño... Una cosa es darle vueltas sobre el papel y otra es la realidad.

«Realmente, todo pasa fuera del hospital: en la calle, en casa...»

Para María Cegarra, la atención en emergencias es uno de los pilares de la asistencia porque «realmente todo pasa fuera del hospital; en la calle, en casa...». Por ello, reclama el papel que le corresponde a la asistencia de primer nivel, «y esa somos el 061 y la atención primaria, que tiene que estar integrada en las emergencias y en los incidentes con múltiples víctimas», apunta.

-Y en las urgencias a domicilio.

-Sí. Nuestro trabajo es muy satisfactorio cuando sacas a alguien adelante en una emergencia, y también lo es en la urgencia de primaria, que hacemos muchas. Es la parte amable, el anciano que necesita algo. Tenemos muchos mayores a los que les pasan cosas y los médicos de los centros de salud a veces no pueden salir corriendo y dejar la consulta colgada. Son muchos. Yo siempre pienso en mis padres. Como las ambulancias están muy bien dotadas, si eres capaz de resolver evitas que vayan al hospital, o si finalmente tienen que ir, ya van enfocados o dirigidos. Hacemos la urgencia pura y dura que salva vidas, el accidente, el infarto, el ictus, el quemado... con medidas que si no está ahí, el paciente muere o queda con secuelas, y hacemos esta emergencia más médica, el asma, la arritmia, el dolor... no se va a morir, pero es importante atenderlo porque tu intervención evita complicaciones y, a veces, el traslado.

-¿Cómo van de tiempo de respuesta?

-En casco urbano está en ocho minutos de tiempo medio. En A Coruña tenemos dos uvis móviles, 3 básicas 24 horas y otra 12, y toda la red de ambulancias de los PAC en Arteixo, Betanzos, Culleredo, Oleiros, Cambre...

-¿Qué catástrofe teme más?

-Me da miedo la refinería, aunque afortunadamente tienen bomberos propios y todo el mundo está muy formado. Lo vemos cuando vamos a hacer simulacros, y vemos su equipamiento, sus trajes ignífugos... Luego, tenemos la estación de tren y el aeropuerto. Esos son los puntos calientes y todos tienen planes propios de emergencias. Además, hacemos prácticas también en los centros comerciales.

«De los atentados de Madrid aprendimos que había que mejorar la comunicación»

Aunque la realidad, a menudo, descoloca todas las previsiones, Cegarra cree que es importante tratar de prepararse para dar la mejor respuesta posible. «A lo mejor no hay luz, llueve a mares, es un bus de ancianos, hay niños... y está lejos de una zona accesible. Intentas intuir qué variables te puedes encontrar al llegar a un escenario así», explica.

-Y con mucha rapidez.

-A los médicos nos cuesta organizar, lo que nos sale es ponernos con el herido, pero hay que hacerlo y hay que etiquetar rápido por gravedad. Todo el que pueda caminar es verde; obedece órdenes pero no camina, amarillo; tiene dificultades para respirar, rojo. No te digo cuando hay que poner la etiqueta negra.

-Tras la desgracia del Alvia, ¿han cambiado cosas?

-Hicimos técnicas de movilización de personal, con formas para llamar y localizar, porque tú te vas a la catástrofe, pero alguien mientras tanto tiene que hacer tu turno, hay que desdoblar. Hasta que no te pasa una cosa así no te das cuenta realmente de todo lo que supone. O sustituir a los equipos que están allí, ya agotados... o conseguir agua, mantas.... Es un trabajo de muchos.

-¿Propuestas de mejora?

-Creo que, primero, las comunicaciones. Se está trabajando entre distintas fuerzas. Nosotros tenemos nuestro sistema, la Guardia Civil otro, la Cruz Roja, otro, Bomberos, 112... si en medio del desastre tengo que decirles algo, tenemos que tener una forma de conexión común. Está en vías de solución. Fue una de las cosas que aprendimos de los atentados de Madrid.

-¿Y segundo?

-Necesitamos integrar en el sistema a atención primaria, es fundamental poder tirar de los médicos de primaria. En lo de Vigo había muy cerca un centro de salud con cinco médicos. Y tercero, cursos de formación para todo ello. Ya los estamos haciendo.

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