Cómo encarrilar una campaña electoral


A veces parece que vivimos en una carretera de una sola dirección. Será por eso que nos hacen falta siempre más carriles. Y en campaña electoral, más todavía. Los carriles son fundamentales en las campañas. Sea para el bus o para la bici, vamos de elecciones en elecciones prometiendo quitar o poner, en función del partido, el potencial electorado y el clima social. Con el cabreo generalizado que están provocando las últimas obras del carril bici, está sumando papeletas para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la campaña.

La semana pasada, en medio de un atasco en Linares Rivas, un taxista (ya saben que de carriles, este gremio sabe un mundo) me recordaba que ya no nos caben más. Con el de las bicis, me decía, anda la gente negra que no tiene sitio ya para aparcar. Y de qué sirve quitar plazas de aparcamiento si no se da alternativa. Porque como recordaba, sin un carril bus en condiciones, con el tráfico como anda, lo milagroso es que el bus llegue a tiempo en hora punta. La cuestión, como me decía el taxista, es que a ver dónde se mete ahora un carril bus si te comes un cuarto de calzada con uno para las bicis por el que él, aseguraba, no ve a nadie circulando. Para añadir un «pero yo de esto no entiendo nada, los ingenieros son ellos». Con qué facilidad tiramos del mantra «yodepolíticanoentiendo» para matizar nuestras críticas a lo que ocurre en María Pita, en la Moncloa o donde se tercie que nos mandan. Y qué difícil es cambiar el modelo de ciudad y de movilidad. Sobre todo si no se tiene o no se explica o se cambia cada cuatro años. O si lo que hay es una mezcla imposible de estos tres elementos. Habría que preguntarse si es peor la ausencia de ideas, la volatilidad de las mismas o el desinterés en contarle al prójimo que paga impuestos lo que se va a hacer con su dinero. En una campaña electoral se promete eliminar el carril bus. Se quita. Unos aplauden, otros lo sufren. Se propone una vía prioritaria vigilada un tanto (o un mucho) etérea. En la siguiente campaña se promete recuperar el carril bus. No se cumple. Unos aplauden (los que lo quitaron y los que pidieron su eliminación, entiendo), otros lo sufren (los que no percibían ese carril como la madre de todos los males del tráfico de la ciudad). Se habló incluso de un carril bus más ancho con espacio para bicicletas, que a estas alturas habría sido el colmo de la movilidad. Así seguimos. De carril en carril, de campaña en campaña. Hemos tenido espacio para buses, lo hemos perdido, vías para bicis que terminaban en ninguna parte, medianas que se pusieron y se quitaron, otras que se cubrieron de verde. Si los bandazos los diesen nuestros políticos con el volante en la mano, se habrían quedado sin puntos hace mucho tiempo.

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