Juan José Vázquez Pousada: «El teatro aficionado es pasión, nadie te pide rosas rojas en el camerino»

El 25.º aniversario del grupo coincide con el décimo del Encontro de Teatro Afeccionado de Betanzos

teatro

A Coruña / La Voz

Se está celebrando en el Aula de Cultura Xulio Cuns de Betanzos el Encontro de Teatro Afeccionado, que llega a su décima edición coincidiendo con el 25.º aniversario de la entidad que lo organiza, la Agrupación Teatral Mariñán. Hemos visto ya las actuaciones de grupos como Faíscas (Arteixo) y Allegro Teatro (Vigo), y en los próximos sábados actuarán Gargallada Teatro (O Barco) y el grupo anfitrión, formado por Juan José Vázquez Pousada, Sara Zabalza, Inés Valiño y José Luis Mañana, «pero contamos con la colaboración de Nancy Verde como técnico de luz y sonido y Silvia Zabalza, que nos diseña toda la cartelería», matiza Vázquez Pousada, que lleva en la agrupación desde su fundación.

-¿Cómo nació la agrupación?

-Fue en 1994. En Betanzos no había en aquel momento ninguna escuela de teatro ni grupo aficionado. Daniel Martínez, el primer director de la asociación, era profesor en el instituto y montó un grupo de teatro con los alumnos. Se encontraron con que, cuando terminaban los estudios, querían seguir haciendo teatro, así que con Xulio Cuns y conmigo, además de los que iban saliendo del instituto, arrancamos el proyecto.

-¿Se imaginaban entonces seguir en activo 25 años después?

-Ni por asomo. De hecho el grupo tuvo varias fases. La primera, con Daniel de director, funcionábamos casi como un grupo escolar, ensayábamos de septiembre a mayo y hacíamos una única representación a final de curso. Cuando Daniel lo dejó cogí yo las riendas, allá por el 2003. Y en el 2008 se produjo un gran cambio, nos quedamos solo tres miembros y habíamos llegado a tener veinte. Y se incorporó José Luis Mañana, que peleó para que trabajásemos de manera más profesional y que no hiciéramos solo una representación al año. Ensayábamos más y salimos de Betanzos, nos empezamos a mover por toda Galicia.

-También está de aniversario el Encontro de Teatro Afeccionado que organizan ustedes.

-El Encontro partió de una idea del concejal de Cultura, que nos propuso hacer un ciclo estable de teatro. Buscamos las fechas adecuadas, para no pisarnos con otros eventos semejantes, y pensamos que el invierno sería lo más adecuado para encerrarse en una sala y disfrutar del calor del teatro. Y se quedó los sábados de febrero.

-Tiene una gran aceptación.

-Las primeras ediciones fueron duras, había que andar pidiendo favores. Hubo grupos que vinieron a actuar a cambio de nada, corriendo con los gastos. Con el tiempo ya pudimos hacernos cargo de las dietas de desplazamientos y demás. A partir de la tercera edición notamos un gran cambio, y teníamos que disculparnos ante muchos grupos porque se quedaban fuera de cartel. Llegamos a recibir hasta cincuenta peticiones para una edición. Y de ahí hay que sacar un máximo de cuatro grupos. Se nos empezó a quedar pequeña el aula de cultura, así que comenzamos a repartir entradas, gratuitas pero numeradas, para que no se abarrotase el auditorio, que hemos llegado a actuar con gente subida a las escaleras del escenario.

-Y todo con grupos de teatro aficionado. ¿Cómo se les convence de que vengan?

-Los grupos llegan y saben que no pueden exigir más de lo que hay. Esto se mueve solo por pasión. Nadie te pide toallas blancas y rosas rojas en el camerino. Es lo bonito del teatro aficionado. Lo importante es mostrar tu trabajo y conocer a otros apasionados del teatro. Y a veces te dan un premio y ganas unos euros, que siempre inviertes en la próxima obra.

Teatro en las aulas

Juan Vázquez reivindica la presencia del teatro en los planes educativos: «Como profesor de instituto me tocó dar la asignatura de teatro, y fue una experiencia maravillosa que lo tenía todo. Trabajábamos con literatura, música, expresión corporal... Y veías cómo gente muy tímida se soltaba y despuntaba sobre el escenario.

«Hay grupos muy distintos, lo que asegura el futuro de la escena en Galicia»

A Juan Vázquez se le metió el gusanillo de la escena de muy joven, y ya nunca se lo pudo sacar.

-¿Cómo se inició en el teatro?

-El virus del teatro me lo pegaron en Mera cuando era niño. Estudiaba en el colegio que ahora es el Luis Seoane, soy de la promoción que lo inauguró. Y no teníamos nada, no había ni porterías para jugar al fútbol, pero sí teníamos algo muy importante, profesores jóvenes con ganas de hacer cosas. Así que hacíamos teatro sobre mesas de clase, unidas entre ellas.

-Parece que el teatro aficionado goza de buena salud por estos lares.

-Sin duda. Ahí tienes casos como el de Noite bohemia, que pasaron por el Encontro con su teatro clásico, o El Ruiseñor, en Culleredo, que es otra potencia que está sacando actores a paladas y que son grandes amigos nuestros. O Faíscas, de Arteixo, que las tuvimos este año en el Encontro y está formado por mujeres de entre 60 y 70 años. Daba gusto verlas, conectaron muchísimo con el público. Eso te da una muestra del abanico de edades que abarca el teatro aficionado, desde los jóvenes de instituto a los jubilados. Todos estos grupos aseguran el futuro de la escena de teatro aficionado.

-Cuénteme quién es ese Angelo T. Malone del que llevan sus obras a escena y que parecen solo conocer ustedes.

-[Ríe] Es un escritor italiano, con una biografía muy dramática. No podemos revelar su identidad porque su vida corre peligro. Está buscado por la mafia. Es nuestro autor de cabecera, solo representamos obras suyas, actualmente, aunque hemos hecho de todo.

-Suena un poco teatreiro todo eso...

-¡Así son las cosas en el teatro!

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