Próxima visita, el depósito de agua


Deberíamos incluir en nuestros deberes de fin de semana, en los propósitos de año nuevo, en las listas de «tengo que» que vamos lanzando cada poco, todos esos lugares de la ciudad que no aparecen en las guías de cinco rincones de A Coruña que no te puedes perder. Seguro que en las recomendaciones que Marta Ortega y Carlos Torreta hicieron a sus invitados el fin de semana de su boda, no aparecían ni por asomo. Pero ahí están, escondidos a veces, bien visibles otras. Son parte de la ciudad, aunque no figuren en el catálogo de monumentos o plazas con encanto.

Estos días de invierno resulta inquietante pero también poético levantar la vista hacia el depósito de agua del Ventorrillo. En la pequeña plaza, los árboles se han quedado sin una sola hoja, y las ramas le dan un aire de película de miedo a la vista de la torre. Casi 74 metros de hormigón que vigilan el horizonte de la ciudad. Acabo de encontrar en el móvil una fotografía del 9 de enero en la que el depósito se recorta contra el cielo. Milagrosamente azul. Solo las ramas desnudas de los árboles recuerdan que es invierno. La escalera de caracol sube entre los pilares unos siete pisos. Parece inmenso, y sin embargo es mucho más pequeño que ese otro símbolo del skyline local que nos vigila desde Monte Alto. Para este, hace años que un grupo pide en redes sociales que se reconozca como Patrimonio de la Humanidad y oigan... cosas más locas se han visto. En realidad, son como nuestras dos torres de andar por casa, en los puntos más altos de la ciudad, controlándolo todo como en la Tierra Media. Con permiso de la torre de Hércules, universal por derecho propio, ese ojo que todo lo ve desde hace siglos, los dos vigías de hormigón llevan más de 40 años llevando agua a sus barrios. Pensaba una, al levantar la vista de niña, que el agua se acumulaba en esa especie de pila gigante. En realidad, se bombea desde tierra y una vez arriba, se deja caer para que llegue a nuestras tuberías con la fuerza de la gravedad, maravillas invisibles de la ingeniería.

¿Cómo serán por dentro? Los que tendemos a peliculeros podemos imaginarnos ecos de agua como en las antiguas cisternas romanas. Habría que incluir los depósitos en las visitas guiadas para conocer el patrimonio industrial de la ciudad, que también es historia. No estarán hechos de piedras milenarias, ni serán especialmente bonitos. Pero estos días de invierno, cuando para de llover, en la plaza bajo la torre del Ventorillo, la ingeniería civil reivindica su espacio en las guías. O al menos nos pide que levantemos la cabeza cuando pasamos a su lado, tan alta y tan sola contra aquel cielo. Milagrosamente azul.

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