Inmaculada Real: «El Museo Carlos Maside es un modelo respecto a las políticas de la memoria»

Esta estudiosa, a la que la Xunta edita un libro, vincula los avatares del centro a estar vinculado a una empresa


Sada / la voz

Inmaculada Real (Toledo, 1984) acabada de publicar El Museo Gallego de Arte Contemporáneo Carlos Maside, que presentará en abril en Compostela y en el que remarca la singularidad del espacio museístico de O Castro.

-¿Cómo llega al Carlos Maside?

-Cuando hice la investigación para la tesis doctoral, el tema era la recuperación del patrimonio artístico del exilio de la Guerra Civil y en aquel momento mi primera visita fue a Galicia y entré en contacto con Díaz Pardo. Estuve en Sada, conocí el museo, me impresionó mucho y fue el punto de partida para mi tesis. Después me he especializado bastante en el exilio gallego y manifestaciones artísticas. En febrero publiqué un libro que hablaba del Laboratorio de Formas y de ahí surgió la idea de continuar y abordar el Museo Carlos Maside, que es un ejemplo de recuperación bastante excepcional y tristemente no está puesto en valor. Hice la propuesta a la Xunta, la acogió y me financiaron la publicación.

-¿Cuál es su singularidad?

-Es un modelo de recuperación que podría ser un modelo a seguir con respecto a las políticas de la memoria en España, porque recupera la memoria histórica desde el ámbito artístico, editorial, de la identidad a través de la cerámica y la recuperación de toda una serie de valores y simbología. Cuando surge la idea de crear el museo, entre Díaz Pardo y Luis Seoane, a finales de los sesenta, en España no había ningún proyecto para recuperar el patrimonio del exilio. De hecho esta colección fue posible por los contactos que tenían. Ambos se convirtieron en un puente de comunicación y recuperación, si no, mucho patrimonio gallego en el exilio no hubiera vuelto. Es una museología que está de acuerdo, no con la España del momento, sino con las nuevas corrientes que se están desarrollando en Francia, con el concepto de museo abierto, no solo de colección, sino de intercambio de ideas. Se realiza a través de módulos hexagonales, entra en contacto con las casas de la cultura en Francia y es un modelo arquitectónico que permite crecimiento ilimitado, una nueva reflexión sobre museología. El museo no solo se centra en las paredes del museo, sino que va más allá, es un concepto de museo territorio, intenta implicar a la sociedad con una reflexión. Me parece interesante porque intenta integrar el discurso atípico de los artistas del exilio con el de los artistas que permanecen durante el franquismo.

-¿Cómo se conjugan esas alabanzas y el desconocimiento?

-El momento en el que aparece el declive son los noventa, es una idea innovadora, pero no llega a tener visibilidad más allá del lugar donde se desarrolla, no llega a trascender. Otro de los grandes problemas es que se ha vinculado a una empresa y al final priman más los intereses económicos que los culturales, y ahora mismo la situación del museo es bastante lamentable, se han abierto las puertas, pero no hay renovación, solo se han pintado algunas salas, continúa tal cual como en los sesenta. Los beneficios de la empresa entiendo que se destinarán a fines comerciales, pero no a los culturales, porque creo que a día de hoy el museo genera más pérdidas que beneficios, se está quedando como pieza anquilosada en el tiempo y por la que no están haciendo nada por ponerla en valor.

-¿Un problema para la firma?

-Sí, además lo quieren declarar BIC y desde dentro de la empresa Sargadelos no quiere porque conlleva complicaciones a nivel administrativo, pero declararlo BIC también es una manera de protegerlo y evitar que la colección termine dispersa y que puedan, en cierto modo, hacer un mal uso. La falta de visibilidad no es un caso excepcional, los más de 30 museos que conservan en España el patrimonio del exilio son muy poco conocidos.

-¿Qué destacaría de los fondos?

-La obra procede de las manos de los artistas originales, hay obra donada por Eugenio Granell, o las mascaras de Castelao, de Los viejos no deben enamorarse, que se estrenó en Argentina, hay un discurso expositivo muy elaborado, el punto de partida es la identidad gallega y enlaza la literatura con el arte. Hay gran fondo de Maside y de Luis Seoane, aunque hay que decir que la biblioteca de Luis Seoane y algunos fondos de Díaz Pardo no terminan allí por los conflictos que hubo. La idea floreció y fue muy buena, quizás si hubiera sido a nivel institucional no hubiera sido posible, pero al final el que esté ligado a la empresa fue la traba que impidió que creciera.

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