Los suecos nunca van a tiro fijo


Estos días anda el omnipresente pianista inglés James Rhodes encantado con las 70 palabras que tenemos en gallego para la lluvia. Los idiomas dicen mucho de cómo es un pueblo y de lo que le preocupa. Por ejemplo: en Suecia no es nada fácil ir a tiro fijo. Imaginen que se plantan en un Ikea en Estocolmo y tienen que decir en la puerta que «Jag skulle vilja gå direckt». Imagínense. Casi mejor no decir nada y dar un rodeo, que no pasa nada. Pero pasa. Ese rodeo inofensivo explica que cada vez que digo en casa que hay que ir a Ikea, pero de verdad de verdad que vamos a tiro fijo, el pollo pegadizo pone los ojos en blanco... Que habrá que confesar, eso sí, que el pollo en cuestión es capaz de saltarse el primero lo del tiro en cuanto aparece una novedad de la que no se puede prescindir. Pero esa es otra historia.

No se puede. No existe la posibilidad de ir al pasillo 3, sección 19, con la referencia de esa estantería de nombre impronunciable (hace unos años no triunfó como debería una historia del cine bien simpática, Sjöström no es un mueble de Ikea. Aquel título merecía mucho más) que es lo único que te hace falta. Entras en la web, anotas el número, controlas que la hay en la tienda, apuntas la ubicación y te vas con tu nota en la mano confiada en tu fuerza de voluntad. Ya ni subes al primer piso para evitar tentaciones. Ahí vas, con tu papelito y tu fe en la contención de gasto. Pero no se puede, al parecer en sueco no se puede. Y cuando llegas al pasillo 3, sección 19, descubres que llevas una funda nórdica, un batidor de varillas, un salero, unas bombillas, seis vasos azules y unas bolsas para congelar. Todo, por supuesto, imprescindible.

Como imprescindible, por cierto, debía ser lo que ocupaba los brazos de media comarca que hacía una cola sin IVA al otro lado de la plaza. Los descuentos debían de justificar el ataque consumista (nota mental: debería dejar de percibir el consumismo en el ojo ajeno y empezar a combatir el propio, aunque sea en forma de salero), la cola, las prisas y los nervios acumulados en la salida de Marineda. Que uno debería relajarse si se ha ahorrado una pasta en una tele de, pongamos, 90 pulgadas. Pero no. Será la adrenalina de sentirse el más listo del barrio por tener una pantalla más grande que nadie por cien euros menos, que de repente te sientes libre como para cambiar de carril como si no hubiera nadie más conduciendo. Por cierto. Mi traductor de sueco tendrá que explicarme cómo se dice en Estocolmo «no se cruza a pie la avenida de Arteixo». A ver si la futura pasarela evita esa locura de algunos de jugarse el cuello en medio del tráfico, porque que el consumismo no nos lo quita nadie. Sin IVA y a tiro fijo.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Los suecos nunca van a tiro fijo