Uno profesa gran romanticismo respecto al mundo musical. Será porque cuando me colé en ese universo encontré un lugar cómodo, tanto moral como sonoramente. Pasar de aquellas tardes de castas pijas y peleas de gallos en Pachá o Baroke al submundo del ZYX o Punto 3 fue una relevación. Me impactaron muchas cosas. Una de ellas, ver cómo las chicas carecían de los lastres de aquellas tardes quinceañeras. Ahí podían manejar su vida sexual sin miedo a que se las calificase con la palabra que estáis pensando. Parecerá una tontería pero para mí, que tenía 16 años, suponía un cambio radical.

Hablaba de ello el pasado lunes en una pausa para el café dentro de las Xornadas de Feminismo e Industria Musical con Yolanda Villa del Mardi Gras y Fito Ferreiro, concejal socialista y roquero de pro. Antes había participado en un debate sobre la situación de la industria musical y los tics machistas con la cantautora Silvia Penide; el coordinador de los Locais de Ensaio, Christian Beade, y la periodista Lorena Jiménez. Con Yolanda y Fito concluía que quizá esa abstracta sensación de libertad de la música son las ramas que a veces impiden ver el monte de la desigualdad.

Sí, este mundo es especial y el machismo está lejos del que se vive en otros sectores. Pero existe. Existe cuando la mánager de un grupo tiene que escuchar: «Por favor, las novias de los músicos fuera». Existe cuando la jefa de una sala ve que cuando hay que cerrar un trato se dirigen a uno de sus empleados y no a ella. Existe cuando la poca destreza de una instrumentista se asocia a su sexo, mientras que algo así jamás pasa en un tío. Existe cuando el técnico de sonido trata con paternalismo a la artista. Existe cuando oyes que PJ Harvey «toca como un tío». Existe cuando hay que justificar la calidad del Noroeste feminizado de este año, algo que jamás se cuestionó en las 32 ediciones anteriores, de presencia masculina mayoritaria.

De muchas de esas cosas se hablaron en el Centro Cívico Cidade Vella. Venía gente de fuera. Me dio la sensación de que se quedaron impresionados con lo que se contaba. Que aquí existe el festival que puso la primera gran piedra de lo que ahora es una tendencia (el Primavera Sound este año ya luce cartel paritario). Que aquí en los fosos de fotografía musiqueira hay muchas mujeres. Que aquí hay proyectos como Mardi Gras, BâBâ Bar o La Nave con dirección y sello femenino. Que aquí nuestros hijos van a ver todo eso como algo normal y no excepcional. Y que cuando no lo encuentren van a preguntar qué pasa.

Al llegar, una de las socias de Mujeres en la Industria Musical, asociación que impulsó las jornadas, me explicó que su objetivo era desaparecer por ser innecesaria. No sé cuándo llegará ese día, pero desde luego llegará gracias a cosas como estas.

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Mujeres que exigen su sitio en la música